Capítulo único

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Miedo. Esa sensación que todos hemos sentido alguna vez en nuestras vidas, ya sea cuando en nuestra niñez teníamos miedo de apagar la luz a la hora de dormir, cuando teníamos que ir a vacunarnos, cuando tenemos un examen importante que definirá parte de nuestra vida, cuando falta poco para un evento relativamente importante para nosotros y tenemos miedo de estropearlo.

Todos y sin excepción alguna, hemos sentido miedo ya sea en mayor o en menor medida. En mi opinión, tenemos miedo a lo desconocido, a lo que no entendemos y no podemos ver con claridad.

Por eso, nuestra mente se bloquea y no nos deja pensar con claridad. Nos ponemos nerviosos, nuestra respiración se acelera y hacemos especulaciones que de hecho, no son ciertas. Empezamos a pensar en supuestas situaciones tontas que no se llegarán a hacer realidad, mientras nos preocupamos por cosas que realmente carecen de importancia y perdemos las que sí la tienen.

Thomas Anderson.

Desde que era pequeño, había crecido sin padres. Me había criado en un mundo  en el que supuestamente todo era posible, cuando realmente no era así. La gente adulta piensa que con estas frases -que por el uso carecen de significado-, nosotros íbamos a crecer siendo grandes personas.

Pero no era cierto. Siguiendo esta explicación, quería comprender el porqué había gente en la calle muriéndose de hambre sin opción a elegir una mejor vida. Siguiendo el sentido de la frase tan cliché que todos se esforzaban por hacer realidad, esta gente podría tener opción a elegir entre la pobreza y el vivir con una casa y un empleo medio decente.

Pero eso no sucedía en la vida real.

Desde que era muy pequeño, mi abuela siempre me había dicho lo mismo repetidas veces. Decía que los niños debían imaginar y soñar, porque una vez fueras adulto ya no quedaría ese rastro infantil que nos vuelve creativos.

En las tardes de verano, me contaba historias -demasiado hermosas para provenir de una mujer con cáncer- hablando de un niño que no quería crecer. Decía que él era muy intrépido y que sin dudarlo se enfrentaba a los más crueles villanos. Yo sonreía con dulzura mientras disfrutaba de aquellas historietas que la mujer me contaba, tan cargadas de sentimiento y aventuras que eran admirables.

El brillo que mostraba sus ojos cuando me hablaba del niño -al que nombró como Peter Pan-, era bastante delatador. Ella siempre me dijo que hubiera soñado con ser escritora o algún trabajo similar, pensaba que el mundo sí que se podía cambiar con palabras para hacer recapacitar a la sociedad.

Sociedad... nunca le gustó aquel termino. Opinaba que la sociedad estaba de cabeza, que todos estaban obsesionados en encajar en un mundo que no les pertenecía. No estaba de acuerdo con el hecho de que todos fueran el calco de otro calco, que todos -o la mayoría- apagaran su luz interior solo por tratar de parecerse a otra ajena.

Mi abuela, Lourdes, era muy soñadora pese tener el tiempo de vida contado. No le quedaba mucho para despedirse de este mundo, pero no era algo a lo que le temiera. No le temía a la muerte, pues era lo mismo que vivir con miedo. ¿Cómo iba a disfrutar de las pocas cosas que nos otorgaba la vida si se cegaba con el miedo a morir? Era algo de lo que realmente no se preocupaba, no lo tomaba importancia.

Sin embargo, yo sí que lo hacía. Era imposible aplacar el dolor que sentía cada vez que jugaba a un juego con ella, cada vez que nos sonreíamos, que comíamos juntos, que veíamos la televisión o que simplemente; charlábamos a la fresca. Temía perderla. Temía perder a la persona a la que más me apreciaba y para ser sincero; la única que me quedaba en pie. El dolor se hacía más grande pero simplemente lo disfrazaba de sonrisas para aplacarlo de una forma dulce.

Entonces, simplemente sucedió. Ella murió, contándome una última historia. En las visitas anteriores al grave suceso, el médico sólo negaba con la cabeza mientras me dejaba claro que la hora llegaría más temprano que tarde. Mientras lo único que yo hacía era asentir entre lágrimas, Lourdes se encargaba de hacer todo más llevadero. No dejaba de hablarme de Peter Pan y sus aventuras como lo hizo cuando yo era un niño pequeño mientras me daba caricias en la cabeza.

Soul of the nightDonde viven las historias. Descúbrelo ahora