Mis días se convirtieron en segundos.

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¿Ves aquella chica que va por esa acera? ¿Aquella que prefiere tirar por otro camino más largo antes que pasar por delante de esa gente? Esa soy yo. No concretamente tímida, pero tal vez la inseguridad que tengo en mí misma hace que ese sea mi pánico más oculto. Mayor miedo es tal vez, que llegar a enamorarme de alguien. Tengo el gran defecto que está de moda en los adolescentes, de encapricharme rápido y no ser capaz de olvidar. ¿Y acaso es capaz una flor de perder un pétalo y no notar su ausencia? Tal vez me debería de haber ido considerando ya un limón salvaje, pero cuando mirando al cielo veía todas las estrellas iguales, la luna se me topó de frente. Estableció una mirada que me dejo petrificada. ¿Qué hace ella aquí? Rompiendo así todos mis esquemas, que de momentos eran los típicos de una quinceañera. Aquella con la autoestima por los suelos, mientras que tú felicidad era capaz de elevarla hasta los cielos. Y tal vez, solo tal vez, sea con la única persona a la que no tengo miedo de mostrarle mis defectos. Esos que intento disimular a base de maquillaje, ropa bonita, dietas estrictas o escondiendo partes de mi personalidad por el miedo a la incomprensión. Que por muy increíble que fuese, conseguías que hasta alguna vez me haya querido solamente un poco... Y dímelo tú ¿en algo te tendrías que fijar de mí verdad? Por muy diminuto que fuese, algo bueno tengo que tener ¿no? Y si con tanto esconderme y cambiar, ¿eso desapareciese? De ahí mis ganas de quererme a mi misma, que por mucho que me cueste, gracias a ti creo que lo conseguiré.

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