Boom, boom, bang.

Zayn, Liam y Niall, todos van a estar muertos.

Jesús, ha pasado casi un año desde que Harry los vio, y casi cinco años desde que los vio a todos a la vez.

Se pasa una mano por la cara e inhala bruscamente.

Cuando comienza a escuchar de nuevo, la mujer le pregunta: — ¿Algún arrepentimiento? ¿Algo que hubieras hecho de manera diferente?

De repente, las palabras parecen distorsionadas y lejanas, como si las letras estuvieran fuera de balance, chocando entre ellas al salir de los altavoces.

Harry apaga la radio y se hunde en su asiento, se hunde en el silencio de su auto. Su respiración es pesada y no puede frenarla. Afuera, el camino todavía está vacío, por lo que presiona su rostro contra el vidrio frío de la ventana esmerilada y respira, tratando de calmarse. Pero la pregunta sigue ahí.

¿De qué se arrepiente? ¿Qué habría hecho él de manera diferente?

Ni siquiera ve venir el otro auto.

Simplemente llega, y luego el mundo está explotando en una ráfaga de luz cálida, como un rayo que cruza el cielo nocturno, blanco contra negro, blanco y negro, el matiz blanco y negro de sus recuerdos, las imágenes borrosas con el rojo de la luz cálida, el rojo de la sangre. Su sangre. El cobre afilado se sienta en su boca mientras grita y su visión cambia y se difumina y en el brillo, ve esos ojos azules nuevamente, ve el océano, oye una voz que le dice que no regrese y se escucha decir, jódete, no me importa una mierda. Ya no me importa. Jódete. No quiero volver. Oye el portazo de una puerta, el mismo eco que termina en cada pesadilla.

Metal contra pavimento. Carne contra hueso. Mentira tras mentira tras mentira.

¿Algún arrepentimiento? ¿Algo que hubieras hecho de manera diferente?

En el espacio entre la luz y la oscuridad, Harry cree que encuentra su respuesta.

—Harry. —Alguien dice, y Harry se agita ante el sonido, abriendo los ojos y estremeciéndose levemente contra la tenue luz.

—Hola. —La persona vuelve a decir, suavemente, sus palabras cansadas y cálidas.

Harry intenta responder algo y termina haciendo un sonido gutural, parpadeando un poco más, poniendo todo en foco.

Liam, se da cuenta, está de pie sobre él, con la cara borrosa por la tenue hilera de luces en el techo. Liam, con quien Harry no ha hablado en casi ocho meses, está de pie junto a él, luciendo cansado y agotado y todavía como todo lo que Harry recuerda.

—Tu cabello creció. —Harry nota en voz baja, la esquina de su boca se levanta.

—Harry. —Dice Liam, cuidadoso mientras mira a Harry—. Has estado en un accidente.

—Yo... —Harry se interrumpe, porque es entonces cuando se da cuenta de un pitido apagado en el fondo, el latido del corazón de la maquinaria. Tiene parches en los brazos que lo conectan a una máquina, y su piel es de color blanco pálido. Él puede ver las venas allí, se da cuenta. Justo allí en su muñeca.

Hay algo tan patéticamente frágil en eso.

Ni siquiera puede evitar verse a sí mismo como debe verse a los ojos de Liam, pálido y magullado en una cama de hospital. Como un niño de piel y huesos, tal vez. Solo una sombra de lo que solía ser. Y dios, solía ser mucho. Solía ser tan bueno.

Harry se queda callado, sus dedos rozando su muñeca mientras mira alrededor de la habitación, los ojos de Liam pesados a un lado de su rostro. La ventana en la pared al lado de su cama da al estacionamiento, y solo hay unos pocos autos dispersos allí, todos cubiertos de nieve fresca.

things have gotten closer to the sunDonde viven las historias. Descúbrelo ahora