Capítulo 32

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       Hasta el amanecer.

27 de octubre, 2019.
Slien, Alemania.

Haiol Holbein✖

Permanecí en casa, espiando al tipo que al principio mi cerebro sentenció como extraño. Parecía sereno al caminar tranquilamente rumbo a la sala, el sonido de sus pasos fue todo el ambiente sonoro que tuve al oír detrás de una pared. Mi madre preparó algo especial, ordenó el mejor de los vinos, incluso su aspecto era mucho más elegante que el de costumbre; su fino vestido color azul tenía un lindo escote con un buen toque de sofisticación, el cabello rubio brillaba aún más con esa sonrisa que mi madre le daba al tipo guapo, extraño y afortunado.

La sala se llenaba de risas.

Mis emociones negativas iban a hacerme explotar.

— Estamos de visita Ina, nos iremos a Canadá muy pronto.

— Me siento tonta al preguntarlo, jamás hemos estado a salvo.

Estuve de acuerdo, no íbamos a hacernos las víctimas y jugar con ese papel, pero ese tipo de vida que tolerábamos nos tenía muy cansados a todos.

— Él está dispuesto, es joven y merece  algo mejor que seguir en un jodido pueblo como Piotet.

¿Él? Cielos, si era en quién pensaba...

— ¿Ya lo sabe? — el tono que utilizó mi madre me envió una extraña sensación aterradora.

— Sus recuerdos están volviendo, pero no imagina que Heng fue y sigue siendo otra víctima más.

— Sonell es el hombre más miserable, lo que hace con todos esos chicos desaparecidos "extrañamente" — Ina rompió la copa que sostenía, lucía tan molesta que rompió en llanto.

Yo sabía que su corazón estaba haciéndose pedazos, lo vi en su mirada llena de derrota. Y odié eso, porque imaginé que había algo más provocando ese odio.

Ese algo, era pasado, oculto.

Tenía mi nombre.

— No le has contado a Haiol, ¿cierto?

«Vamos, responde querida madre»

— Mi hijo era tan pequeño — la respiración fue tan pesada que Ina apenas y podía hablar, todo su cuerpo  se tensó al mirar fijamente el rostro de su acompañante. Él parecía entenderla, se quedó quieto observándola —. Haiol tenía cuatro años, ese día bajó del auto con una expresión que lo cambió todo, toda su alegría se borró desde aquel momento.

— ¿Por qué no hiciste algo para liberarlos?

— ¡Odler, yo no recordaba que era su madre!

Anhelaba que ignorar hubiera sido tan sencillo para dar vuelta atrás, mi corazón arrepentido deseaba estar con Dagna y Darel.  Toda esa fuerza la perdí en el pasillo oscuro hacia la sala, mis ganas por ser destruido completamente, estaban allí, en el llanto de mi madre y la compasión del desconocido.

— Pero eras su nana.

— Vi sangre en la ropa interior de Haiol y el poco sentido que tenía mi vida se destruyó por completo.

Solté mi teléfono.

Ambos escucharon el ruido y voltearon sorprendidos, entré a la sala con toda una miserable vida hecha pedazos, las manos me temblaban y mi impotencia por querer matar a Sonell hizo que le diera un puñetazo en la cara a su querido hermano. Ina entró en pánico al fijar sus ojos en los míos, nada de lo que intentará decirme iba a calmarme, fui violado, ella me mantuvo varios años a lado del monstruo y no hizo nada, ni siquiera por su propio hijo. Si eso fue un acto de protección, qué miserable sus muestras de amor maternal.

Estación Holbein © [Completa ✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora