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CAPÍTULO II


La primera noche de la cuarentena, fue de las noches más tensas que pasé con Robert en mi vida. Lo entendí perfectamente, estaba preocupado por conseguir un vuelo al menos privado para poder regresar a su casa, con su esposa e hijos. Hablaba sin parar con su representante y se le veía bastante estresado.

— Ojalá consiga vuelo — dije mirándolo andar de un lado a otro.

— No quieres que pase eso. — Scottie dijo como cantando mientras ambos estábamos arrojados en el sillón.

— ¿Acaso me creerías capaz? — pregunto ofendido.

— Oh, no lo haces a propósito, hermanito, tu corazón es demasiado bueno para querer que el destino te beneficie a ti, al menos una vez en tu vida.

Hice señas de que cerrara la boca. No quería que justo en ese instante Downey escuchara alguna estupidez. Cociné algo de tallarines en salsa blanca, sabía que era de los platillos favoritos suyos, pero ni siquiera vino a la mesa. Lo esperé a pesar de las miradas condenatorias de mi hermano y lo seguí esperando a que terminara de intentar regresar a casa.

Yo también lo intenté, aunque no lo dije, conseguirle un vuelo con mis amigos en la política, pero caí en cuenta de que su imagen se vería mal, así que callé, sin embargo no porque quería que se quedara.

Cuando dio la medianoche, decidí que ya era momento de que dejara de comportarse como un niño amargado.

— Hice la maldita cena, tu plato está en el microondas, estaré con mi hermano en la terraza tomando un trago y luego voy a dormir... Cuando quieras me hablas, porque me estoy sintiendo de lo peor con toda esta situación porque siento que es mi culpa. Hasta luego.

Pasaron dos horas más en las que lo esperé, me rendí cuando mis ojos empezaron a cerrarse y fui a mi recámara a dormir. De reojo al irme noté que seguía mirando su celular en la cocina.

A la hora de haber subido, mi hermano empezó a golpear la pared de mi cuarto en un lenguaje que solo nosotros conocíamos. Luego de un rato descifre que decía, "tráeme comida". Maldito perezoso.

Esperaba ya que mi amigo estuviera en su recámara de costumbre, un cuarto en el ala derecha, grande y espacioso que siempre guardaba para él. Me lo imaginaba durmiendo mientras renegaba por no poder salir de casa, quizás odiándome. Cuando llegué a la cocina mi sorpresa fue otra, estaba Robert raspando la olla de tallarines comiendo todo lo que podía de un solo bocado.

— Solo vine a llevarle algo de comida a Scott.

— Se acaba de ir con una bolsa de panes, jamón y queso.

Pensé en lo ocurrente que podía ser mi pequeño hermano y las terribles ganas de dejarlo afuera de mi casa que tenía en ese instante. Pero a pesar de eso, mi corazón se alegró al ver que Rob comía tranquilo y parecía más calmado.

— ¿Conseguiste vuelo?

— No.

— ¿Y por qué tan tranquilo? Hace dos horas estabas a punto de matar a alguien.

— Tu hermano me dijo que dejara de ser un bebé y me comportara mejor contigo. Por cierto, disculpa — sonrió con aquella mueca bien practicada, que sabía cuándo usar y a pesar de que la salsa se resbalaba de sus labios, se veía genial.

— Disculpas aceptadas.

— Supongo que debería irme a un hotel... son quince días... entiendo si tú...

— ¿Estás loco? Te quedarás acá. — Mi voz sonó como un chillido, que disimulé riendo.

Mi celular sonó en mi bolsillo y vi que era Scott mensajeando: "Todo está saliendo tal y como lo planeamos".

¿A qué demonios se refería? Downey me sonrió de vuelta y siguió cuchareando la olla, raspando cada esquina y que le gustara me hizo inflar el pecho de orgullo, casi sin darme cuenta.

Estaba feliz, no quería admitirlo pero estaba feliz, porque se iba a alargar nuestra compañía, como en los viejos tiempos y una paz me inundó el alma.

Entonces, a pesar de ser las dos de la mañana, Downey insistió en meternos a la piscina y como siempre, terminé cediendo. Con el agua helada encima de nosotros empezamos a nadar.

— Ah, joder, realmente quería volver para que Susan no me reclame otra vez. Va a tener la perfecta excusa para volver a molestarse conmigo por venir aquí...

— Pensé que yo le caía bien.

Mientras hace formas en el agua, toma agua por su boca y me la arroja en un chorro, en la cara. — Te tiene celos.

Me rio y él igual, yo también tomo agua con mi boca de la piscina y se la arrojo. Y empezamos a hacerlo varias veces.

— Se supone que estamos en cuarentena para que cuiden de su salud y los dos andan jugando al lago de los cisnes con su boca. — Scott nos miraba con un vaso de refresco en la mano, divertido —. Ya saben, no pueden estar metiéndose cualquier cosa a la boca — dijo y luego salió.

Robert se carcajeó y sentí los colores invadir mi rostro, como si todo lo que dijera mi hermano me expusiera. Pero Downey ya estaba tranquilo, nadando de un lado a otro sin prestar demasiada atención.

Nadamos una hora más planeando una buena explicación para Susan, casi a las cuatro de la mañana saqué de la piscina casi a empellones a Rob y lo obligué a irse a dormir.

Luego de una ducha, me acosté con esa tranquilidad que mi cuerpo bien conocía. La sensación cálida de la paz, compañía y tranquilidad, me acompañaban, eran riquezas que solo los ansiosos conocían. Pues sabía que las personas que más quería dormían a pocos metros, sabiendo que los cuidaba y los vería. Algo que solo personas con problemas como yo entendían, cabe recalcar por segunda vez.

Y esa fue la primera vez que soñé con Rob.

Cuarentena (Chrobert)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora