Capítulo 4

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         La respuesta de la señora María Jesús Martínez no se hizo esperar. Dos días más tarde la Agencia para Encargos de Señoras recibió un nuevo telegrama:

Telegrama

Ma da usted muy malas noticias punto Aquí hay gato encerrado punto Le ruego continúe con las averiguaciones sobre el paradero de mi nieta coma le envió lo necesario para sus gastos por correo certificado punto Espero noticias a la misma dirección en Guadalajara pronto punto y aparte Firma la Sra. María Jesús Martinez punto Fin.

María del Carmen lo leyó con detenimiento y de inmediato fue a buscar a la señora Ernestina para pedirle su opinión y de pasada tratar de contarle lo de Meurice, pues entre la impresión, el envío del semanal del periódico y los encargos de la agencia no habían tenido tiempo de verse con calma y lo último que quería era que el señor Arnaud se presentara en las oficinas antes de poder ponerla al tanto.

La encontró en su habitación, sentada junto a la ventana en un sillón estilo Isabelino, forrado con terciopelo color carmín. Antes de entrar tocó la puerta con el puño, para alertarla de su llegada. Se acercó a ella entregándole el telegrama al tiempo que le daba los buenos días. Le explicó lo de la carta, lo que había pasado en la primera visita a la casa y le pidió que leyera el nuevo telegrama.

- Esto sí que está muy raro, María del Carmen. No entiendo tantas contradicciones, ni veo qué más podemos hacer sin crear sospechas, pero conoces nuestro lema: No habrá comisión que se dé a esta Agencia sin que se desempeñe. Así es que, eso, no se diga más, la desempeñaremos. Pero esta vez no irás sola, si las cosas se complican, quiero estar presente para apoyarte. Alístate y salimos enseguida. Parece algo realmente urgente – decía la señora mientras se levantaba y comenzaba a buscar su atuendo para vestirse.

- Sí, eso me parece a mí también, señora Ernestina, debemos de ser prudentes. Voy inmediatamente a arreglarme.

Dio vuelta para salir de la pieza pero antes de llegar a la puerta se detuvo y se dio media vuelta.

- Este... señora mía, tengo algo más que decirle. Me temo que tengo que confesar que hice algo bastante indecoroso, de lo que no me siento orgullosa, pero al mismo tiempo fue algo que no pude impedir, me salió sin pensarlo, se lo aseguro...

- ¡Habla ya niña, qué pasa, sabes que odio los rodeos!

María del Carmen inspiró aire con fuerza y de un jalón le contó todo con detalles, pues sabía que doña Ernestina odiaba las noticias a medias y era una persona sensata y buena, que, estaba segura, sabría comprender las andanzas de su corazón. Concluyó su relato diciéndole que el Monsieur Arnaud, como todos lo conocían, pasaría para arreglar los detalles con ella próximamente.

Ernestina se quedó callada un momento que a María del Carmen le pareció eterno y luego, sin más, soltó una carcajada, nada digna de una señora de abolengo como ella, pero, ¡que qué bien la hizo sentir!

- Ahora resulta que la jovencita se está convirtiendo en mujer... ¿Sabes que así fue como el General, Don Porfirio Díaz, conquistó a su actual esposa, doña Carmelita Romero Rubio? - María del Carmen la miraba sin comprender nada de nada.

- No puedo creer que me saliste tan lista como el señor Presidente, clases de español, ja, ja. Él le pidió a Carmelita que le enseñará a hablar inglés. Un año después se casaron aún cuando ella tenía sólo 17 años y él, 51. Se enamoró como un adolescente, decía como para sí misma la señora Ernestina – Tendremos que tener mucho cuidado, pues aunque sabes que las ideas de esta sociedad tan machista me son repugnantes, no quiero que la gente hable más de la cuenta de una de mis empleadas, y menos de ti, María del Carmen, que como bien sabes, eres mi protegida. Vas a dar tus clases en presencia de alguien más cuando se pueda, y cuando no, te quiero muy recatada. Y nada de acercamientos físicos ni de verse fuera de las oficinas, ¿entendido?

Agencia para Encargos de SeñorasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora