Las lágrimas ya se habían secado en mis mejillas, ya no lloraba, mis ojos ya se encontraban secos.

Pero el sentimiento que carcome mi corazón y mi alma al parecer no piensa secarse, desaparecer. Si no que volverse más grande.

¿Cómo puedes querer, confiar tan rápido y con tanta fuerza y que todo se destruya tan rápidamente?

No nos enamoramos en un segundo, pero en un mísero segundo nuestro corazón es capaz de romperse.

Y no me refiero a romperse en la mitad, si no que en millones de partículas.

Es tan irónico que el dolor emocional duela más que el físico. 

En este momento solo quiero estar sola en mi habitación, acostarme en mi cama y llorar aún más, para que de esa manera, intentar que el dolor desaparezca. Pero en cambio me encuentro en la sala comedor del palacio, las paredes siguen siendo de un color verde y las piedras preciosas siguen adornándolos. 

La taza caliente que tengo en mis manos me mantiene en ese estado, cálida, a comparación a mis sentimientos e ilusiones desechadas.

Doy un sorbo al contenido del té y mi boca se llena del sabor amargo de este.

Anthony sigue a mi lado, desde que me cruce con él en pasillo no se ha separado de mí. Lo agradezco infinitamente pero también deseaba estar sola, para pensar en soledad. 

La soledad puede ser venenosa y embustera pero en ella logramos tener los pensamientos más claros, en ella nos conectamos con nuestra mente. 

—Michelle —me llamo Anthony, alcé la vista hacía el—, ¿vas a contarme que sucedió?

Doy otro sorbo a mi té, ¿debería o no debería contarle? Quizás pueda hacerme bien el desahogarme con alguien. 

No pude evitar que un sentimiento de melancolía y traición me embargue, antes solo me desahogaba con Emma. 

Emma…

— ¿Stephane te hizo algo? —preguntó nuevamente. 

Deposite mi taza de té a medio tomar en la mesa. 

Froto mis manos en mi vestido y empecé a recordar todo, desde el momento que me despedí de Anthony hasta este momento. 

La respuesta correcta era: Si, Stephane rompió mi corazón. 

Pero es tan difícil admitirlo, decirlo en voz alta. Es como confirmar que en verdad el me hizo más daño que cualquier persona en el mundo, es como confirmar que en verdad todo había terminado. 

No todas las historias de amor terminan con: felices para siempre. 

En mi caso es destruida para siempre. 

—Es que… no sé cómo decirlo —confesé, sentí mis lágrimas llenarse en mis ojos. 

—Michelle, me estas asustando —dice Anthony con cautela. 

Acerca más su silla a mí y toma mi mano en las suyas, ese gesto me dio muchas más ganas de romper a llorar. 

—Encontré a Emma en la casa de Stephane —lo solté en un susurro solo para los dos.

Se formó el silencio entre nosotros, una parte de mi agradecía ese momento de silencio pero otra parte de mi estaba expectante a lo que el diría, esperando al menos que el me entendiera o ayudara.

— ¿Hablaste con ellos, Stephane te dio alguna explicación? 

—No se lo deje —pase la mano por mi rostro—, yo solo… escape. 

Alma Guerrera - Sin Editar¡Lee esta historia GRATIS!