Golpee su mandíbula con una fuerza que hizo tronar los huesos de mis dedos, pero ese dolor ni se presentó, fue rápidamente gobernado por la adrenalina que corre por mis venas, como combustible dando vida a un motor, dando vida a todas mis terminaciones nerviosas.

Desde que empecé a entrenar con Anthony, lo he hecho a diario, la energía se acaba rápidamente pero eso no es problema, todos los días en el reino las mujeres hacen gigantescos banquetes para que todos se alimenten de él, ese gesto no es gentileza solo para mí, sino que es como una despedida de los días de luz, la despedida de las mujeres de sus maridos, padres e hijos. Es sorprendente ver como los elfos son, somos, diferentes a los humanos de Midgard, ellos no ven con los mismos ojos la guerra. Para nosotros es una salida de la infelicidad, sé que la mayoría de los que combatirán a mi lado se desvivirán por su sangre.

Y ahí radica la diferencia, aquí la sangre es el bien más bendito, lo que nos hace, nos nutre y nos identifica. Nadie en simples circunstancias derramaría una gota de sangre de su prójimo, en cambio en Midgard las personas derraman sangre por doquier, algunos matan u otros se matan a sí mismos.

Sin poder ver que la sangre nos mantiene vivos, es el líquido esencial que nos dio el ser supremo para poder vivir.

Tomo asiento en el suelo, mi respiración es agitada y la adrenalina antes sentida va bajando de potencia.

—Y ¿Cómo me ves? —pregunté.

Anthony tomo agua desde un recipiente de barro que nos habían dado, luego me ofreció y gustosa acepte.

—Bien, muy bien —responde Anthony—, casi eres tan buena como yo.

Rio ante su comentario.

—Soy mejor que tú con las armas —digo con soberbia.

El alza las cejas y pasa su mano por sus cabellos.

—Admito que es verdad, pero recuerda que aun intento llevar una mención honorifica por convertirte en la mejor guerrera de los nueve mundos —movió sus brazos haciendo énfasis en todas las palabras —, lo enmarcaré y lo colgaré en mi habitación.

Sonrió, arreglo mi cabello en un moño alto y me pongo nuevamente de pie.

—Debes hacer tus sueños realidad, ponte de pie y enséñame algo nuevo.

Le tendí mi mano y él lo tomo con una sonrisa plasmada en su rostro.

—Nunca me imaginé diciendo esto —agregue—, pero estoy cansada de superarte en todo.

Anthony rio a carcajadas secas, aunque pude notar con el sarcasmo se apodero de él.

—Bueno, tengo que enseñarte una habilidad esta vez no física, sino mental.

—Interesante.

Se acercó a mí hasta quedar a solo un pie de distancia.

—Todo elfo tiene la capacidad de adentrarse en la mente de otro.

Alcé las cejas, una habilidad que serviría de mucho.

—Asombroso ¿Y cómo lo hacemos? —pregunté.

—No es un procedimiento difícil, en cambio es muy fácil de realizar —empezó. Alzó las manos y las llevo a los costados de mi rostro —solo basta con hacer esto —deslizo sus manos a mis orejas y las tocó en la punta.

Fruncí el ceño.

— ¿Estas bromeando? —pregunte, si era una broma le daría una paliza.

—No es ninguna broma, ahora necesito que tu hagas lo mismo conmigo —asintió con la cabeza, dándome permiso para tocar sus puntiagudas orejas —tócalas igual que yo —con mi pulgar e índice frote tiernamente la punta de sus orejas, como él lo hacía.

Alma Guerrera - Sin Editar¡Lee esta historia GRATIS!