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Londres, 1889

Octubre

Eran pasadas las siete de la tarde cuando al fin me encontraba frente a las rejas que me separaban, del que sería mi nuevo lugar de trabajo. He llegado a la ciudad, con el maletín de mi máquina de escribir en una mano y una maleta con mis pocas pertenencias, en la otra.

Había una mujer allí, quien por su ropa —un sencillo vestido negro, un delantal blanco y una cofia, se trataba claramente de una sirvienta—, se acercó desde el otro lado de la verja.

—¿Señorita Browning, verdad? —me preguntó a la vez que abría y me daba paso—. La estaba esperando.

Eché un rápido vistazo al aquel edificio que se trataba de la escuela de St. John's. A pesar de estar en buen estado, quizás por su fachada acaramelada, bajo la luz del atardecer, o quizás por aquella famosa neblina de Londres, el lugar parecía carecer a simple vista, de calidez. Pero quizás, pensé en ese momento, se debía al hecho de que años atrás había sido un hospital.

—Mi nombre es Mary Baker, y soy el ama de llaves de la escuela —me dijo, y me señaló para que la acompañara, no hacia la puerta de la escuela, sino, hacia otra que se encontraba un poco antes.

Por supuesto, yo ya sabía que había tras aquella puerta.

—Espero que haya tenido buen viaje —continuó hablando mientras introducía la llave y abría—. Bueno, esta es su habitación.

Me hizo una señal para que entrara primero, y después observé.

—Antes se usaba de almacén —dijo la mujer.

Sólo necesité un vistazo rápido para ver todo lo que había en la habitación. Una cama, un tocador que podía hacer a la vez de escritorio y una mesita contigua a la cama. Una pequeña ventana, y al fondo, una puerta, que supuse enseguida, se trataría de el aseo.

No es como mi casita en Dorset, desde luego. Sabía que mudarse a Londres suponía grandes cambios, y en la escuela habían sido muy amables en construirme un espacio, pues, encontrar un hogar para mi, que pueda permitirme ahora, y que no estuviera demasiado alejado de allí, iba a resultar complicado.

En el futuro, espero poder cambiar de lugar, pero por el momento está bastante bien.

Hay también una chimenea, que en ese momento se encontraba encendida, y a pesar del frío otoñal que había esa noche, en el interior no se notaba.

—Creo que uno de los benefactores de St. John's a ayudado para amueblar su nuevo hogar —habló Mary, que aún continuaba junto a la puerta—. Esperamos que se sienta cómoda. Le he dejado algo de comer, como ya habrá visto, en la mesita. La cocina de la escuela cierra a las siete, pero supuse que tendría hambre.

—Se lo agradezco señora Baker, lo cierto es que no he comido nada desde hace horas —dije, mirando, el plato de pollo que efectivamente ya había llamado mi atención.

Otra de las comodidades de trabajar allí, era que podría hacer todas las comidas en la escuela, excepto del fin de semana, aunque se me permitía usar las cocinas de lugar.

—Bueno, si esta todo en orden la dejo descansar.

Sonreí con un gesto de cabeza a la señora Baker, mientras le agradecía nuevamente. Entonces se fue, no sin recordarme antes, que a primera hora de la mañana me llevaría a conocer a la directora.

Dejé el maletín de la máquina de escribir sobre el tocador, tras ser consciente en ese momento de que no disponía de una silla para sentarme en él.

Bestias en las sombras, otra vez...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora