11-Temptation

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-De mi nadie se burla estúpido Montenegro—caminaba con el genio de los mil demonio a la hacienda de al lado. Su respiración era agitada—¡Ahora verás!—afirma, una vez estuvo frente a su destino.
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Despacho de Atilio...

El ambiente dentro de esas cuatro paredes rezumaba arrebato, delirio por cada rincón. Atilio y Deborah se encontraban encima de un escritorio teniendo una acalorada y pasionaria sesión de sexo.

El cuadro que se miraba era bastante tentador, la pelirroja de piernas abiertas mientras recibía en su interior el palpitante y firme miembro masculino.

Y precisamente ese cuadro fue el que persivió Victoria al abrir las puertas de dicho lugar empañado por la pasión del buen sexo, sin importar que pasara luego.

-Ponte de pie o esto no lo cuentas.

Victoria al entrar y ver dicha escena se quedó sumida en un estado de mudez cargante, sintió como cientos de llamaradas de fuego recorría su  cuerpo sin ninguna piedad. En una mesita cerca de donde estaba estacionada vio un arma, y la tomó puesto que había olvidado la de ella y sin ningún pudor o remordimiento le apuntó a Deborah desde atrás amenazante. Haciendo rozar la fría pistola con la espalda desnuda de la pelirroja.

-¡No escuchaste que te levantas de este escritorio...o lo haces por tus propios pies o te levanto yo...muerta!—sentencia y bien decidida.

Atilio y Deborah se miraron sin entender muy bien que significaba todo aquello ¿Qué hacía Victoria allí? ¿Y por qué amenazaba a Deborah de muerte?

-A ver Victoria, no vez que estamos haciendo el amor—responde Atilio sin salir de dentro del ser de aquella mujer, al contrario mantenía su balanceo de caderas—Sí deseas hablar lo podemos hacer, pero no ahora, espera en la sala y cuando terminemos ajustamos cuentas.

-¿Crees que estoy jugando imbécil? ¡Deborah es la última vez que te lo repito, no amenazo en vano! O si no preguntáselo aquí a tu...tu amante que ya el ha probado el sabor de mis balas.

Deborah quién se consideraba una mujer bastante cobarde, cualidad por la que nunca había pudido seducir a Atilio realmente, porque a él le gustaban la mujeres de índole desobediente, rebelde y libre, posó sus manos temblorosas en el pecho masculino y se apartó con celeridad cubriendo sus zonas íntimas con las palma de las mismas.

Atilio a cambio se quedó allí parado desnudo ante la vista de Victoria, solo había una inoportuna lámpara en medio que cubría su masculinidad. Su mirado era juguetona a cambio la de ella era desafiante, hasta se le podía ver dos llamitas de fuego ardiendo dentro de su pupila dilatada.

-¡Ahora mismo te sales de aquí!—grita Victoria refiriéndose a Deborah—¡Pero como vas!—trona los dedos de la mano que tenía libre.

-Te crees muy mujer tú...—la mira de arriba abajo con despecho—...Señora.

-Señora tú abuela víbora—Deborah hace un amague de lanzarse encima de Victoria—¿Ahora me vaz a golpear?—ríe sardónicamente—Está bien, para que veas que soy buena...—deja el arma a un lado, dejando solo sus puños para defenderse ante cualquier posible ataque—Ya estamos pareja ¿Te atreves?

La pelirroja hace por darle un golpe al pecho a Victoria, pero esta fue más ágil. Se retiró a un lado, dejando el golpe de su contrincante en el aire; una vez la tuvo completamente indefensa la agarró del cabello con fuerza.

-Conmigo no se juega querida—la arrastró hasta la puerta y la sacó de allí de un demandante empujón.

Atilio para ese entonces miraba dicho espectáculo acomodado en una silla. Detallaba cada gesto y palabras de Victoria con maestría, en silencio y cuando seguía todos los hilos de la madeja, no llegaba a otra conclusión que no fueran celos, sí eso parecía, una leona en celos.

The Rivals_A&V (Terminada) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora