10-Enfrentamientos

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-Algún día nos veremos en el infierno…nena—entonces sus ojos se cerraron cuando la bala salió directamente al pecho de Victoria, la misma no tardó en penetrar su piel y desgarrarla. Ella sintió un dolor intenso, un punzante dolor agudo que la hizo caer al suelo, más el golpe no lo sintió, sentía su cuerpo flotar, quedar en limbo por unos segundos, unos eternos segundos.

El aire comenzó a faltarle, la visión se le tornó borrosa y como una película su vida completa se pasó ante sus ojos, vio aquella niña que se desvivía por ser diseñadora de modas, una gran y reconocida diseñadora.

El sabor metálico de su sangre comenzó a llenar su boca, el rostro de Atilio apareció en su visión mientras sentía que moría.

Él lloraba, lloraba por ella, sin embargo…ella sonreía sintiendo como poco a poco su alma abandonaba su cuerpo.
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Se sentó sobre la cama con el sudor perlando su frente, y así como se levantó volvió a recostarse; se sentía débil y el sueño que había tenido la había dejado un tanto desconcertada.

Victoria juraba que aún podía oler la sangre, sentirla en su boca, sentir el dolor de la bala cuando perforó su pecho. Por dios que aún persibía a la perfección; el dolor fue notable poderoso, no podía explicarlo con palabras, porque sencillamente era inexplicable.

Se preguntó si así sería su muerte, si alguien le estaba advirtiendo que se detuviera si no quería terminar así.

Temió por un momento, temió acabar así, pero entonces lo que venía después la hizo perder todo el miedo, porque si moría, ya no habría sufrimiento, ni dolor ni lágrimas. Estaría en la nada tranquila y en paz, quizá con su padre, quizá en el infierno, pero ya no tendría que luchar día a día. La muerte era fácil, la vida no.

No había prestado atención al lugar donde estaba; era una amplia habitación negra como la de ella, pero que obviamente no era la de ella. La conformaba un tocador de madera oscura, mesitas de noches del mismo tono, un piso alfombrado, una enorme cama en la que estaba cómodamente recostada y un balcón uno que llamó su atención, no por sus formas o el lugar donde estaba, sino por el hombre que se encontraba de pie ahí, dándole la espalda, ignorante de su mirada.

Era Atilio.

-¿Cuánto tiempo estuve dormida? ¿Y qué me pasó?—le preguntó llamando si atención, haciéndole saber que ya estaba despierta.

Él se giró a verla, notándose ¿aliviado? al verla despierta. Se acercó a paso lento y se sentó al borde de la cama, justo al lado del costado derecho de la fémina.

-Te desmayaste en el antro…y llevas inconsciente cuatro horas—le respondió mirando su pierna, la cual tenía un vendaje—Al caer te torciste el tobillo.

-¿Dónde estamos?

-En mi hacienda—ella lo miró.

-¿Por qué me trajiste aquí y no me llevaste a mi casa? ¿Qué me hiciste?—inquirió exaltada. Atilio sonrió con amargura.

-¿Por qué siempre insistes en que yo te hice o te he echo algo?

-Tengo mis razones creeme…—intenta ponerse de pie, pero el dolor de su tobillo fue más fuerte y terminó doblandose. Atilio se pasó las manos por la cara ofuscado, se paró pero no con las intensiones que la morena creyó.

-¿No piensas ayudarme?—interrogó Victoria al verlo dirigirse a la puerta a paso firme.

-No…¿para qué? Para cuando te toque empieces a gritarme y golpearme como psicópata—dijo entre dientes—Yo no soy tu payaso Victoria, para eso vete a un circo de verdad y búscate un títere que puedas manejar a tu antojo…porque yo disto de serlo. Cuando quieras puedes irte—dicho esto cerró la puerta tras sí de un demandante portazo.

The Rivals_A&V (Terminada) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora