Capitulo uno - La promesa.

90 3 0

El sonido molesto de mi despertador me hizo salir de mis sueños.

¿Acaso no había una fórmula mágica para vivir siempre en sueños? Desearía poder dormir mil siglos y olvidarme de todo, dejar atrás todo este dolor, pero el dolor es algo así como tu marca personal, te perseguirá siempre, siempre habrá recuerdos y cicatrices que te recordarán lo mal que la pasaste, el dolor que sentías en tu pecho a la hora de irte a dormir, a la hora de levantarte, a la hora de todo, porque así era mi vida, se basaba en un profundo dolor constante que no se iba con nada, y jamás podría olvidarlo, menos al ver las cicatrices que había en mis muñecas, tan profundas que me sorprende de cómo todavía sigo viva.

“El dolor es un ensayo de la muerte.” Cito al famoso cantautor Enrique Bunbury, ese hombre lo sabe todo.

Me deshice de las frazadas que acorralaban mi cuerpo contra el colchón y extendí mis brazos para desperezarme, noté mis cicatrices en mi brazo izquierdo y las lagrimas estaban amenazando con salir, cerré los ojos y dí un largo suspiro.

“Basta de llorar Alice, ya has llorado lo suficiente anoche.” Mi conciencia tenía razón, como la mayoría de las veces.

Me puse de pie y me dirigí a mi armario a buscar algo que ponerme, tomé mi skinny jeans color negro y me lo puse, me miré frente al espejo, “estás gorda, ¡pareces una ballena! ¿no te das cuenta que eso te sienta mal?” dijo una voz en mi cabeza, traté de no hacer caso pero era imposible. Levanté mi remera del pijama y agarré mis rollitos que sobresalían de mi cadera.

“Gorda.”

“Nadie te querrá así.”

“Eres un asco.”

Bajé mi vista a mis pies tratando de ignorar todas esas voces, cerré los ojos para evitar que las lagrimas se escapen de mis lagrimales pero fallé y comenzaron a caer como si no hubiera un mañana.

Malditas voces, déjenme en paz.

—Cariño —dijo una voz detrás de la puerta e inmediatamente sequé mis lagrimas— el desayuno está listo, ven pronto sino llegarás tarde.

—tomé una bocanada de aire y suspiré largando aquel aire— ya voy mamá, me faltan algunas cosas —dije mientras buscaba una remera mangas larga.

Lo que también me hacia sentir realmente mal, era el hecho de que mi madre hacia lo imposible porque no nos falte nada, ni a mi ni a Ashton, mi hermano mayor, ella estaba sola junto con nosotros, mi padre nos abandonó cuando tenía 9 años, con la excusa de que “Ya no siento lo mismo, cariño.” Pero con el tiempo, nos enteramos que él tenía una familia e hijos con otra persona.

Así era mi vida, una completa desilusión.

En verdad, no le deseo a nadie que tenga una vida como la mía, sean obedientes y sigan mi consejo, cuando tengan hijos revísenles sus muñecas, nadie sabe cuando una persona sufre en silencio, y se muere por dentro.

Salí de mi gran habitación color morado y bajé a la cocina, donde se encontraba mi madre y Ashton desayunando.

—¡Buenos días! —dije alegre. Alegría falsa, con el tiempo aprendí a fingir.

—Buenos días cariño —canturreó mi madre.

—Hola —dijo Ashton fríamente.

—¿A alguien le ha venido el periodo hoy? —pregunté mirando a Ashton.

—Eres una idiota —dijo el castaño.

Por cierto, mi hermano parece un jetix es castaño de ojos color marrones con un poco de verde, los había sacado de papá y nos llevamos, como 3 años.

A punto de caer¡Lee esta historia GRATIS!