9-Amenazas

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-¡No! ¡Sueltame!—se levantó con brusquedad, su respiración era agitada. Atilio quedó anonadado ante tal reacción, al principio pensó que era una de sus chiquilladas, fue hasta ver realmente el miedo en sus ojos convertido en lágrimas que supo que no era un juego aquello.

Porque...¿Victoria llorando? ¿Delante de él? ¡Algo definitivamente no estaba bien!
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Victoria se secaba las lágrimas con brusquedad, su respiración era convulsa y revolucionada. Atilio aún seguía sobre el sofá de piernas abiertas mirándola ahí frente a él por primera vez ¿asustada?

Victoria no creía que estuviese llorando frente a su peor enemigo. Una vez se juró no hacerlo más y ahí estaba rompiendo su juramento.

Atilio al no entender nada de lo que estaba sucediendo se levantó del sofá y comenzó a caminar hasta ella.

-No...te me acerques Atilio Montenegro —caminaba hacia atrás a medida que el caminaba hacia delante—¡Mantén tu cochina distancia de mí!

-¿Qué tienes? ¿Por qué estás así?

-No te interesa...¡Ahora te pido que que te vayas! ¡Largo de mi casa!—grita.

-¡No me voy a ir sin antes saber que diablos te pasa!—minuto de silencio, Victoria trataba de cubrir su cuerpo con su manos—No me digas que estás así por el beso que acabamos de compartir.

-Yo no compartí nada...nada contigo. Me das asco. Los hombres como tú no merecen vivir ¡No lo merecen!—sintió sus piernas temblar de momento y completamente desiquilobrada cayó al suelo arrebujada en un llanto desgarrante—¡No...me toques!

Atilio estaba más que confundido con aquella actitud tan a la defensiva de Victoria. Lo trataba como si el le hubiese echo algo malo. Y hasta ahora lo único que le había echo era darle el beso de su vida.

-Mira Victoria yo no soy adivino. Si estás así es por algo que te afecta pero si no me dices yo no te puedo ayudar—hacia gestos desesperados con sus manos. Como frotar su mentón.

-¿Ayudarme tú?—se levanta tipo leona protegiendo a sus crías y le comienza a dar de golpes en el pecho—¡Créeme que tú eres el menos indicado para ayudarme! ¡Mal nacido!

Él un poco extenuado por el comportamiento de ella la toma por los brazos con fuerza y la jala contra él. Quedando de esa forma mirada contra mirada.

-¿De qué diablos me acusas? ¿Acaso yo te he echo algo?—ella se debatía entre si hablar o no—¡Dime! ¡Porque de lo contrario estás completamente loca!—la soltó de un brusco gesto que la hizo caer sentada en una pequeña butaca de la estancia—¡Médicate, demente!—le grita. Toma al Tigre que aún yacía en el suelo entre sus manos y se dispone a irse.

-Te juro por mis muertos que de esta no te libras culebra ponzoñosa—susurra, en un tono casi temible.

Cuando Atilio volteó la vio allí parada, inmóvil, con el pelo alborotado y una mirada casi asesina. La oscuridad que portaba el lugar le daba más terror al momento.

-¿De qué hablas?—arruga el entrecejo.

Victoria a cambio no respondió sólo sonrió de medio lado con maldad y se despachó del lugar dejando a un Atilio desconcertado.

Esa noche él casi ni pudo dormir dándole vueltas en su cabeza a  aquello que tanto afectaba a Victoria ¿Y por qué lo repudiaba tanto a él? Si mal no recordaba ellos si habían tenido sus encuentros poco agraciados y hasta violentos, pero de ahí a él tocarle un pelo había un gran paso. Él podía ser de todo, un mafioso, un asesino, un hombre que no se caracterizaba precisamente por ser sumiso de las mujeres, pero jamás se atrevería a dañarlas. Solo una vez había fallado, pero de ahí en más se mantuvo al margen en lo que a las mujeres respectaba.
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Al día siguiente.

The Rivals_A&V (Terminada) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora