7-"Aliados"

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-Si eres lo suficientemente inteligente no tardarás en dar en el blanco...pero como creo que lo de inteligente te queda muy grande...quiero que me aceptes como tú socia en los negocios que ejerces...de lo contrario nos vemos en tu velorio dentro de unos años cuando salgas de aquí.

-No creo que seas suficientemente fuerte para resistir esa tormenta.

-Pon tu oído...—Atilio cumplió el mandato interesado en lo que ella le diría—...¡Yo, soy la tormenta!—le susurra en tono triunfante.
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Ya era un poco tarde cuando Atilio logró salir de la cárcel. Entre tanta “gestión” se fue casi todo el día. Victoria raramente se ofreció llevarlo de vuelta a la casa, por supuesto que todo era parte de su plan, tenía que ir acercándose poco a poco a Atilio, paso a paso tipo tigre cuando asecha a su presa. Aunque le resultara una tarea bastante trabajosa tenía que bajar sus zumos de leona indomable, siempre con el cuidado de tampoco parecer demasiado débil.

Iban de camino a casa en el auto de Victoria, ninguno de los dos decía ni media palabra. Eventualmente Atilio quería romper el silencio que se sentía demasiado incómodo, y así lo hizo.

-¿Estás preparada para lo que te espera?—Victoria eleva una ceja sin quitar la vista de la carretera, y respira profundamente.

-Yo estoy preparada para todo Atilio—cortante. Él asintió y prosiguió hablando.

-Acuardate qué tú también aceptaste cumplir mis reglas.

-Es tu negocio...no me queda de otra.

-Bien, menos mal que eso lo tienes  claro—tambiorilea sus rodillas gestando un ruido sordo—Recibirás un entrenamiento como bien te dije.

-Y yo te dije a tí que estoy preparada para lo que se me pase por el frente, no es necesario ese maldito entrenamiento—aprieta la mandíbula con tal fuerza que juró escucharla traquear.

-Tu pusiste tus condiciones para sacarme de la cárcel...yo acepté, ahora yo pongo las mías. Como bien dijiste es mi negocio y no voy a permitir que se venga abajo por una caprichosa como tú...bastante que acepté darte el entrenamiento y así puedas deslizarte por estos asuntos con facilidad.

-Ni siquiera sé en que consiste tu negocio...

-Me aparece increíble que quieras entrarle a algo que no tienes ni la pu...mínima idea de que es—se masajea la sien ofuscado ¡Esa mujer era un dolor de cabeza!

-Aquí no estás para quejarte, bastante que vaz a dormir en una cama decente...así que mejor quéjate menos y explicate más.

-¿Qué quieres saber? ¿Qué soy un narcotraficante? ¡Pues bien, ya lo sabes!—Victoria no puede evitar cerrar los ojos con fuerza. Jamás se vio metida en esa vida, mucho menos “relacionada” con personas de esa calaña. Pero contar de cumplir su cometido estaba dispuesta a ¡TODO!

El resto del viaje se efectuó en completo silencio, sólo se escuchaba el el soplar del viento contrario a ellos, las llantas del coche y su andar veloz por aquellas carreteras despobladas.

Una vez llegaron a la hacienda Victoria estacionó el auto en su lugar y sin dirigirle la palabra a Atilio se dispuso entrar a su casa, hasta que un potente timbre de voz la hizo frenar en seco y hacer una mueca de fastidio que se reflejó en su rostro cual libro que se puede leer fácilmente.

-Mañana en mi casa a las doce del día—Victoria no se giró porque si lo hacía no sabría de lo que sería capaz, simplemente apretó los puños a cada lado de sus muslos y asintió con desgana.

The Rivals_A&V (Terminada) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora