6-Yo Soy La Tormenta

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Él no pudo aguantarse más esas ganas que tenía. Tomó a la morena por la nuca con salvajismo y la pegó a sus labios haciendo que el contacto al principio doliera. Ella estaba aplicando fuerza una vez más no quería corresponder simplemente le daba asco. Fue hasta que él mordió su labio inferior con presión que ella los apartó permitiendo así la entrada de la lengua masculina. Automáticamente Victoria cerró los ojos, rezó mil oraciones y sin más preámbulos lo comenzó a besar como ella sabía ¡Asco era poco a lo que ella sentía!...o al menos eso quería creer.
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Victoria mantenía sus manos inmóvil a cada costado de sus caderas ante el contacto y los ojos cerrados, pero no de placer y satisfacción, más bien parecía un gesto de tortura, un maldito suplicio. Atilio pudo notar su cuerpo tenso e indispuesto, más no le importó y prosiguió comiendole la boca. Arto de la situación y de su posición de estatua, le tomó los brazos por las muñecas y los apresó contra la áspera pared, tipo Jesucristo cuando lo crucificaron.

-Vamos entregate maldita que ya no eres una niña—dice entre besos, sus ojos estaban embalados por un brillo seductor y cautivador, sin embargo ella ni siquiera lo miraba. Le apretó bien la manos, tanto así que ella jadeó de dolor.

Sus bocas se movían en un rudo roce. Los labios bailaban en perfecta sincronía, probando, provocando, dando y exigiendo. Atilio atacó el labio inferior de Victoria con su lengua en un sensual toque y ella instintivamente los abrió una vez más dándole acceso aquella húmeda cavidad. El al momento intensificó el contacto haciéndolo más atrevido y rápidamente como energúmeno al fin libró las manos de ella que cayeron como por inercia, sin vida picando en sus caderas, él aventuró las propias a quitar aquella blusa de Chalís que portaba la fémina, más no pudo, pues esta lo separó de un brusco y desapacible ademán.

-Me toca quien a mi me da la gana estúpido...y sí me besaste ahora fue porque así yo lo quise, si no ahí te ves—se limpia los labios con asco.

-¿Ahora te limpias mis besos después de que los disfrutaste como una loca?...porque ni lo intentes negar—se acerca provocativamente, ella caminó dos pasos hacia atrás por acto reflejo.

-Que te puedo decir...—eleva los hombros como restándole importancia al asunto—De besar no besas mal...pero he probado besos mejores. Pensé...digo juzgando por tú carácter de macho alfa, que besabas mejor pero ya veo que eres pura pantalla—miente para molestarlo, él no se resistió ante aquel comentario, la tomó por el cabello con fuerza y la sentó de un solo tirón en el sillón a dos pasos de ellos, acomodándose en su regazo.

-Sí no le gusta el infierno, para que coño provoca y juega con el diablo maldita perra—sacude su cabeza de un lado a otro utilizando como aguante su cabello.

-¿Estás seguro de que él diablo eres tú?—eleva una ceja y entrecierra los ojos como una maldita bruja.

-De eso que no te quepa la menor duda belleza—se intentó acercar a su boca, pero esta fue más inteligente y retiró la pistola que moraba en la parte trasera del pantalón masculino y le apuntó desde atrás.

-Me aparece que no lo eres...¡me tocas y te vuelo los sesos!

-No me das miedo, siempre amenazas y nunca cumples—ella sonrió con malicia y llevó su boca a la masculina succionandola de una forma tal que lo volvió loco.

-Pues...no me dejas otra opción—descargó la pistola y cuando estuvo a punto de vaciarla en la cabeza de su contrincante, otra voz se hizo apreciar en la estancia.

-¡Victoria! ¿Victoria mi niña donde estás?—gritaba Constanza acercándose cada vez más al lugar donde estaban aquellos dos animales con ropa apunto de armar toda una película de terror.

The Rivals_A&V (Terminada) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora