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El chico cruzó la calle furioso. Las luces estaban apagadas y la oscuridad predominaba por doquier.

La chica al otro lado del pavimento lo miraba atónita. ¿Qué hacía él ahí?

-Sofía.- gritó él, desencajado. -¿Vos estás loca?

-Dejame.- dijo ella, apartando la mirada como atemorizada y avergonzada a la vez.

-No, no te dejo nada. A veces pienso que no tenes nada en la cabeza.-sentenció y las lágrimas ardieron en la garganta femenina mientras los ojos le comenzaban a picar.

-Solo quiero verlos, Nicolás.- gritó ella.- Dejame cumplir mi sueño.

Las luces de un auto que se acercaba iluminaban la escena, pero parecía que ninguno de los jóvenes estaba dispuesto a percatarse de ello. Enfrascados en su discusión, habían perdido el entorno.

-Ellos no saben quién sos. No les importas. Nunca vas a ser más que una de sus fans.-clavó la estaca y ella retrocedió un paso, herida.

-Sólo quiero verlos.-musitó.- ¿Es tanto pedir?

-Nos vamos ahora-.dijo él agarrándola fuertemente de la muñeca, sin querer detenerse siquiera en los sentimientos de ella.

El auto se acercaba y el conductor miraba confundido la discusión. Ellos parecieron subirse a la acera. No habría problema en pasar. Sabía, el conductor, que el problema era detenerse. En esas calles abundaban los drogados, los que montaban escenarios para robar, los que vivían cometiendo locuras. Ellos no daban la impresión de ser esa clase de personas pero, ¿quién sabe? La calle estaba oscura y las siluetas recortadas por las farolas de un limusina no eran seguridad para nadie.

-Yo no voy a irme a ningún lugar con vos, Nicolás.-dijo ella tragándose sus propias lágrimas y apartando la mirada.

La chica se soltó de su agarre y salió corriendo a la otra vereda, haciendo que, por consecuencia, el coche frenara de golpe. Ella se volteó horrorizada, cayendo sentada sobre el cordón.

El joven no la siguió. Volvió frustrado hasta su coche tras lanzar un puñetazo a la pared. Los pasajeros del auto miraban sin entender al conductor, cuyos ojos volaban de un lado al otro. Tras meditarlo, arrancó. No debía dejarse llevar por escenarios montados.

El auto siguió su camino lentamente por las calles. Ella se alejó corriendo lo más rápido que pudo por distintos caminos alternativos, hasta saber que él no la encontraría.

-Los necesito.- murmuró agitada la chica recostada en el lateral de un viejo edificio mientras pasaba un filo, con aspecto despreocupado y rutinario, por su piel una y otra vez.- Niall, Liam, Harry, Zayn, Louis, ayudarme a creer que no es así.

Vio que un auto se acercaba y guardó la navaja rápidamente. Se incorporó de pie y guardó sus manos en sus bolsillos, procurando ocultar las muñecas por completo. El auto paso por su lado y los pasajeros la miraron atentos, era la misma chica que había discutido con aquél chico en la calle hacía unos segundos. El conductor negó. Dudaba que eso fuera una casualidad.

La escasa luz no les dejaba verla con claridad. Pronto la perdieron de vista. La imagen de los pasos cansinos no tardó en desaparecer de sus mentes. Turistas llenos de nuevos lugares recién conocidos, ¿por qué irían a recordar a una simple chica caminando por las calles desiertas a esas horas de la noche?

Sofía caminaba por las calles en silencio, pateando piedritas invisibles y recostándose levemente en los muros. Luego de un rato los cortes le provocaron sus típicos mareos y no tuvo opción. Se sentó nuevamente sin importarle dónde estaba al sentir que ya no podría mantenerse de pie. No sería la primera vez.

Aun se puede caer mas bajo¡Lee esta historia GRATIS!