4-Érase Una Propuesta

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-Ese inútil es mi amante ¿Algún problema?—le enfrenta con la barbilla en alto.

-Vaya gusto para los amantes—saca su pistola y la posa sobre los labios de la fémina—Si a mí me da la gana no te vez más con tu amante.

-¿Cómo lo harás? ¿Matándome?

-Sí—la toma por la nunca con salvajismo y la acerca a él.

-Bueno...—se alza el vestido mostrando su larga y torneada pierna y de una funda para pistolas que tenía sujeta en el muslo saca su arma—¡Matemosno!—le apunta la cabeza por la zona trasera.
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Por unos minutos se mantuvieron en silencio, retándose con la mirada. En los ojos de Victoria se podía notar odio y repudio, sin embargo en la de él no había otra cosa más que diversión y placer.

A ninguno de los dos les temblaba tan siquiera un ojo pese a estar amenazados por un arma mortal. Ambos estaban como si nada, como si estar con una pistola apuntando directo a sus cabezas  fuera los más normal del mundo.

¡Vaya temperamento de ese par!

-Perdón por lo que voy hacer doña...—después de unos minutos en silencio Atilio se decide hablar.Victoria totalmente expectante presiona su dedo en el gatillo de la pistola, sin disparar, pero preparándose para un posible ataque, no ser ella la única herida.

-No pida perdón...y haga lo que tenga que hacer—responde con altivez.

-¿No te da miedo morir?

-Hace muchos años que dejé de sentir miedo, tanto así que hoy no se ni que significa ese vocablo—se acerca al rostro masculino y de forma amenazante le dice—Por culpa de adefesios y espermentos mal paridos que no merecen vivir—claramemete hablaba de él.

-Me espantas—ríe irónicamente—Espero me agradezcas eternamente el no mandarte directito al otro mundo en estos momentos—la mujer arruga el entrecejo, sin saber exactamente de qué hablaba Atilio. Fue hasta sentir un duro golpe en el hueso conocido como “Espinilla” o “Tibia”, encargado de conectar la rodilla con el tobillo. Victoria se encorvó del dolor, dejando caer su arma al suelo.

-¡Idiota!...¡Imbécil!...¡Mal nacido!—intentó caminar, pero como era evidente el pie le falló, y por un pelo de rana calva casi cae al suelo, pero ahí estuvieron los brazos de él para sostenerla y acomodarla en un sillón que moraba a unos pasos de ellos—¡Sueltame!, ¡no me toques!

-Ni porque te perdono la vida me tratas con amabilidad, es que contigo no se puede hermosa—se inclina y toma el mentón femenino entre sus manos con fuerza, tal así que de seguro cuando retirara su mano de allí dejaría la marca.

-No me toques...—sacude su cabeza sin resultados lucrativos—Atilio suelteme y mantenga su distancia de mí.

-No me da la gana—toma el labio inferior femenino entre sus dientes y lo estira hasta sacar sangre—Conmigo no juegues fierecilla porque yo no soy ese estúpido de Chema.

-¿De qué hablas?, si ni lo conece.

-No, pero por los rasgos de su rostro pude darme cuenta que es un bueno para nada. Atilio Montenegro te va a enseñar a tí lo que es un hombre de verdad.

Aquellas palabras fueron como si gotas de ácido cayeran sobre su paciencia. ¿Cómo un hombre abusa de las mujeres?, ¿puede llegar a ser un hombre de verdad?

-De millones de hombres existentes en este mundo...tú eres el más poco hombre de todos—aquel comentario hirió en lo más profundo el ego de macho alfa de Atilio. Tomó sin paciencia a Victoria por los cabellos fuertemente, la paró de aquel sillón donde estaba sentada de un tirón, llevándola consigo hasta el escritorio. Tiró todo lo que había encima y la sentó con una fuerza brutal sobre la resistente madera.

The Rivals_A&V (Terminada) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora