II

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En la primavera conoció a Gabriela, una chica que acababa de llegar de Tijuana a estudiar en su escuela.

La sorprendió observándola más de una vez en la cafetería, hasta que un día se acercó a ella para conversar. La morena se acostumbró a pasar los recesos con ésta agradable chica y tener alguien con quien platicar.

Una mañana, Gaby le pidió tuvieran una cita durante el fin de semana y Juliana no encontró motivo para no decir que no. Quizá podría averiguar si esta atracción era sólo hacia Valentina o hacia las mujeres en general.

Los ojos de su madre la siguieron de nuevo preocupados hasta que salió por la puerta.

Cuando la encontró en el café donde habían acordado, vistiendo de una manera muy casual y sosteniendo un simple girasol entre sus manos, creyó que quizá esto podría funcionar.

— Nadie me supo decir cual era tu flor preferida — le confesó al extender el regalo hacia ella mientras se acomodaban en las sillas del lugar — pero pude investigar cual era tu color favorito. ¿Amarillo no es así?

Juliana sonrió de ladito como hacía a veces.

No supo si el recuerdo le brindaba un poco de alegría o sólo más ganas de llorar.

¿Cómo creyó ser posible buscar a quien entregarle su corazón si éste se encontraba latiendo, caminando, amando a miles de kilómetros de aquí?

Gabriela no hizo por buscarla más.

Juliana lo agradeció con el alma.

***

La segunda semana después de que comenzaran el receso de verano, Lupe le pidió que le llevara una bolsa con muchas hierbas a Silvina.

Ambas mujeres habían comenzado una afición por los remedios naturales y ahora intercambian ingredientes para lo que Juliana llamaba 'sus pócimas mágicas' con regularidad. Una vez que la morena empezó sus vacaciones ellas la designaron como la mensajera oficial entre las dos.

En el par de ocasiones antes en que visitara la residencia Carvajal con este sólo propósito, Juliana había esperado a que Silvina terminara de hacer sus cosas mientras ella aguardaba en la cocina matando el tiempo en la pantalla de su celular. Ésta vez, sin embargo, la nostalgia de visitar aquél sitio tan familiar de su niñez la embargó de pronto y decidió caminar por sus rincones favoritos.

La morena salió por la puerta de servicio para comenzar a recorrerlos.

Visitó la casita de juegos en el jardín, los rosales preciosos que Tiberio seguía cuidando con tanto esmero, se acercó a donde estaban los jazmines para sentir su habitual fragancia invadir sus fosas nasales y revivir tantos recuerdos que le provocaban mucha melancolía.

Sus pasos la llevaron a la alberca porque no podía decir haber realizado un viaje por el pasado si no incluía aquél lugar en su recorrido.

La noche había comenzado a ganarle la batalla al día perfilando un ocaso multicolor a lo lejos, con la luna escasamente haciéndose visible en el cielo y Polaris, la estrella del norte brillando intensa a su lado.

Entre más se acercaba al área de la piscina, más podía distinguir los sonidos que de allí emanaban, la calma siendo turbada una y otra vez con una cadencia que sólo podía venir de alguien moviéndose sobre el agua al nadar. Imaginó que podía ser Guille con su novia, o tal vez Eva con su esposo, y aunque no quería ser sorprendida husmeando, sus piernas parecían haber tomado vida propia dirigiéndola paso a paso hasta allá.

Juliana habría reconocido aquélla silueta sin problema en cualquier lugar. Esa esbelta, delicada y sutil figura surcando la alberca de principio a fin con elegancia.

My Shooting StarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora