Capitulo sesenta y dos

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- Me das asco.

Becca.

Nash y Ana María se separaron, cada cual con una sonrisa más cínica, y Becca salió fuera de casa seguida por Beth, Lauren y por mi misma.

- Dios, le voy a matar. -hablaba la castaña dando vueltas por el jardin, tratando de calmarse mientras nosotras la perseguíamos con la mirada.

- No acostumbro a decir cosas así de vulgares y no me gusta juzgar sin conocer pero joder, menuda zorra. -bufó Lauren y la miramos algo sorprendida.- No me miréis así, tengo razón.

- Por no hablar de Nash. -rodó los ojos Beth- Hijo de snow. Yo le rajaba. -amenazó.

Yo simplemente me limité a observar y pensar.

¿Esto es algún tipo de broma? ¿La misma camiseta? ¿Lo había hecho a próposito? Si no, ¿por qué iba a mirarme así?

Las tres me dirigieron una mirada inquisitiva, supongo que esperando mi intervención.

- Yo... No lo entiendo. -es lo único que fuí capaz de decir.

Y era verdad, no entendía a qué venía tal cambio.

- Ninguno lo hace. -habló una voz masculina a mis espaldas.

Me giré para ver que los chicos habían venido detrás nuestra, se notaba una sombra de decepción en sus ojos.

- Se ha ido con esa, dijo que volvería esta noche o mañana. -suspiró Jack G refiriendose a Nash

"Con esa"

Por lo menos a ellos tampoco les cae bien.

- Es un imbécil. -bufó Becca tirándose al césped.- Que asco me da su forma de actuar.

Todos la seguimos y al poco tiempo no éramos otra cosa que un nudo de brazos y piernas.

Pero estábamos cómodos, a si que YOLO.

- No sabe lo que hace. -suspiró Cam contestando al comentario de Becca.

- No, sabe perfectamente lo que hace y eso es lo peor. -siguió esta- Nunca me he llevado especialmente bien con él, pero es mi primo y joder, me preocupa. -suspiró y Hayes la abrazó

- Se le pasará. Es mi hermano, lo sé. -trató de animarla y ella le besó la mejilla, tras ese acto se hizo el silencio.

Todos estábamos perdidos en nuestros propios pensamientos mientras observábamos las nubes.

Hasta que yo compartí los míos.

- Ana María. -solté.

Todos se giraron a mirarme interrogantes y algo incómodos, todos pensaban lo mismo.

Todos menos yo.

- Ana María. -repetí algo más alto y de repente empecé a reirme histéricamente.

Una de esas risas que te dan de la nada y con la que acabas contagiando a todos aquellos con los que estas.

Y eso sucedió.

Estuvimos riéndonos durante unos aproximados 5 minutos tirados por el césped, haciendo la croqueta y pareciendo unos auténticos lunáticos hasta que yo me incorporé.

- Esto es ridículo. -alcé mi voz entre risas limpiándome una lágrima de risa.- Él es ridículo. No se que hacemos todos preocupados por él, lo único que le puede pasar es que pille sida por roce con furcias. -solté.

Sinceramente, ya no me importaba.

No me importaba la impresión que pudiera dar y por supuesto no me importaba él.

El Clan Imbécil |Magcon Boys| EDITANDO¡Lee esta historia GRATIS!