Capítulo 30

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Memorias Siniestras.

Piotet, Alemania.
11 de octubre, 2019.

Kahler Holbein✖

«Haiol está muerto»

Él hijo favorito de papá no volverá a arruinar nuestras vidas. Su habitación estará vacía hasta ser destruida. Papá fijará sus ojos en mí por primera vez, me dará su afecto, intentará quererme.

— Padre, lo siento mucho, pero nuestras vidas deben continuar — veía con rabia la forma en la que Sonell se hundía en el dolor —. Te quiero, pero verte así no me da tranquilidad en absoluto.

—Lo perdí todo Kahler — me dijo al sollozar —. No me queda nada, ni una razón para estar aquí contigo. Mi inspiración se ha ido con Haiol.

Le toqué el hombro a papá, quería abrazarlo sin importar cuánto me hirieran sus confesiones.

—¡¿Pero qué haces?! — Sonell me empujó con fuerza contra él escritorio, mis brazos chocaron con las botellas de vino y terminaron en el piso hechas pedazos—. ¡Eres un inútil! ¡Estas maldiciones vienen en tú nombre!

Los cristales ocasionaron leves heridas en mis nudillos, sentí un pequeño corté en la mejilla que segundos después confirmé al acariciar la herida con mi pulgar. Sangraba levemente, mi padre se movía rápidamente y me convertía en la liberación de su dolor. Sus golpes se acercaban a mi cuerpo una y otra vez.
Fue tan tonto haber creído que papá cuidaría mejor de sus hijos.

— Papá — mi voz tembló —, ¿me pregunto si algún día fingirás que me quieres?

Ocurrió tan rápido, Sonell estaba tan ebrio, o tal vez, esa solo fue mi excusa para negar que ese día mi papá... intentó abusar de mí.

Lo recordé al ver las heridas de Haiol, llegaron a mi mente algunos momentos en los que nuestro padre nos alimentaba de drogas para hacernos olvidar lo que ocurría.

—¡ES UN MONSTRUO! — le grité a Haiol.

Aún seguía en un estado de transe por ver al supuesto muerto a través de las llamas y, darme cuenta de que no murió realmente, pero que en ese instante era muy probable que desapareciera de nuevo.

No entendía nada, ni siquiera sabía si pretendía querer averiguar más... así que me alejé del fuego, mi cuerpo temblaba, estaba tan nervioso que comencé a marearme y sentí náuseas.

Haiol suplicaba, gritando entre lágrimas, se retorcía por el dolor y el fuego estaba más cerca de su piel.

—Kah-ler — él habló, oí su voz tan débil, necesitando de mi por primera y quizá última vez.

¿Era ese el final que Haiol merecía?

— Por favor Kah- ler — imploraba agitado.

Cielos, Haiol literalmente estaba encadenado. Las llamas crecían en cuestión de segundos, si quería ayudarlo, debía actuar rápidamente.
Sacudí los bolsillos de mi short, aún guardaba la llave que Heng me dio esa mañana, recordé que la conservaba y me tensé ante la probabilidad de que pudiera servirme. Gracias al cielo, la pieza cayó en el suelo, llenándome de esperanza. Vi a mis alrededores, me desesperaba no saber cómo alejar a Haiol, estaba sufriendo justo en el centro del círculo. El humo era abundante y denso, su piel se veía extremadamente enrojecida, si no intervenía de una buena vez, moriría quemado.

— ¡No puedo acercarme Haiol, ya no veo tú rostro! — perdí la calma, el ni siquiera podría arrastrarse por el suelo.

Pegó gritos desgarradores, por más que quería ayudarlo, si intervenía moriría junto con él. Era difícil acercarse por la cantidad de humo que abundaba y ahogaba. Por eso corrí en busca de ayuda, si el comité se organizaba en esas zonas, seguro y contaban con algún equipo de emergencia contra incendios. No podía avanzar recordando los gritos de Haiol, después de todo, no le deseaba la muerte a nadie. Mis pies se movían tan rápido que ignoré lo que pisaba y terminé rodando al tropezar. A lo lejos vi una chica corriendo hacia el fuego, después la siguió un chico cargando con dos extintores, él le gritaba algo que no pude escuchar con precisión, pero la chica que usaba bata lo ignoraba y no se detenía.

Estación Holbein © [Completa ✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora