XXXIII. Los dos que faltaban

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Avanzamos sin mayores problemas hasta la casa de Joseph Anders, el vampiro cuyo voto necesito en el directorio. Cuando estamos a unos cuantos metros, Drakken me indica que me agache detrás de una banca. Consulta con Ponce un par de cosas y luego se voltea hacia mí.

"Tengo que entrar a esa casa", le recuerdo.  Coco ya no está con nosotros.  En algún momento se esfumó y espero que esté cerca para apoyarnos si es que algo sale mal.

"Sí, lo sé, señor. Pero hay un problema", me explica. "Es una emboscada"

Yo me preocupo. Si no logro entrar ahí y convencer a los Anders de apoyarnos, estaremos en serios problemas. Aunque, por supuesto, no es fatal. Podría encontrar una solución de alguna otra manera. Así, con todo, preferiría ejecutar el plan que definimos con los Alba.

"¿Estás seguro?", le pregunto. "¿Por qué lo dices?"

Me muestra la pantalla que Ponce lleva con tanto orgullo. Muestra una imagen térmica de la casa a la que nos dirigimos. Los vampiros no son registrados por esos medios, por supuesto. Ellos son fríos y no se ven en estas imágenes. No obstante, ahí sentados y esperando en la sala pacientemente hay dos humanos.

Dos contornos de humanos que puedo reconocer fácilmente. Uno es alto y corpulento y con movimientos lentos y cansados. El otro es pequeño y delgado y está quieto. Son Morgan Fix y Ana Jones.

A estos dos los trajo Murphy. Ella fue la que los propuso como medio para averiguar qué era lo que Laura Franken planeaba. Quizás Ana podría estar en el bolsillo de Murphy, pero no Morgan. Lo conozco demasiado bien. Es uno de esos obsesivos que no pueden soltar un problema hasta que lo resuelven. A él le plantearon un caso y no va a descansar hasta que llegue al final del asunto. A él no le importa quién lo ha contratado. Quién lo llamó. Su lealtad es al problema, no a la persona.

Y si él no tiene su lealtad echada a Murphy, dudo que Ana la tenga. Ella es la compañera de Morgan. Han pasado demasiado tiempo juntos. Se entienden y saben cómo piensa el otro. Ella sabe que Morgan nova a llorar la pérdida de su jefa.

"No hay problema. Conozco a estos dos. Son confiables"

"¿Está seguro?", me pregunta Drakken.

"Sí, los tengo bajo control"

Drakken no me cuestiona más. Sabe que el cliente soy yo y que tiene quehacer lo que yo pida. Mira a los demás y todos ellos se preparan para lo peor. ¿Cuántas veces un cliente les habrá dicho que no se preocupen y resultó que sí estaban en una situación de alto riesgo?

"Vamos", insisto y nos movemos a la puerta de los Anders.

Cuando estoy por tocar el timbre, la puerta se abre.

Morgan y Ana salen y cierran la puerta detrás de ellos como si estuvieran paseando un domingo en la tarde. Nos miran y se demoran en saludarme.

"Buenas noches, señor Martin", me dice Ana. "Lamento mucho lo que le han hecho pasar. Nosotros dos nunca estuvimos al tanto del plan de esta noche. Cuando lo descubrimos decidimos venir aquí a esperarlos"

Miro la casa de los Anders. No debería hacer esto a través de un intermediario. Debería meterme ahí y hablar directamente con uno de ellos. No confío completamente en Morgan o en Ana.

"Debo escucharlo de ellos", le informo. Esto activa a mis acompañantes. Drakken sigue junto a mí. Andy también. Ellos no se mueven. Ponce tampoco. Él está observando algo en su pequeño artefacto. Son los otros dos los que se mueven ligeramente. Uno de ellos gira con mucha sutileza y termina apuntando con su rifle a la cabeza de Ana. La otra ala cabeza de Morgan.

Los vampiros de la calle AbastosWhere stories live. Discover now