Capítulo Veinte

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Viernes a la tarde

Carlos se fue mientras yo me preparaba para mi última tarde con él. Me puse un vestido; quería estar guapa pero sin llamar la atención.

Unos minutos después, Carlos volvió con una cesta de picnic; estaba claro que me llevaba de picnic, pero ¿a dónde?

-Estás muy guapa-me dijo Carlos.

-Y tú tan atractivo como siempre.

Me cogió de la mano y salimos del hotel. Paseamos por la bahía de la Concha, pasamos un túnel y llegamos al Antiguo. Solo veía una iglesia y una puerta muy grande, mientras que todo lo demás eran casas.

Pasamos por la puerta y me di cuenta de que era un parque, donde se encontraba un palacio rojo.

-A la derecha puede observar el palacio de Miramar y a la izquierda el paisaje del mar y lindos prados verdes-dijo Carlos con voz de megafonía.

Solo pude reír.

Había un prado verde delante del palacio; se veía el mar y la isla. Nos sentamos allí y conversamos y comimos e hicimos el payaso.

-¿A qué hora te vas mañana?-preguntó Carlos.

-Tengo que coger un autobús a las 12:00 para ir a Bilbao. Después, a las 17:00 cogeré el avión a Madrid.

-Entonces ¿hasta las 12:00 estás libre? O ¿tienes que preparar tus diez mil maletas?

-¡No son diez mil! Solo tengo una y no hay tantas cosas...

-Ya... Mañana miraré tu maleta...

-¡Cotilla!-y empecé a pegarle en el brazo (no muy fuerte, no soy una bruta).

Vimos el atardecer acurrucados (no, no es una peli, pasó de verdad).

Me daba mucha pena dejar atrás esa semana y volver a la realidad con mi tan agradable jefe. Echaba de menos a mi hermano, pero iba a tener más oportunidad de verle a él que a Carlos.

Carlos se levantó.

-¿Ya nos vamos?-pregunté extrañada.

-¿Me concede este baile señorita?

-¿Baile? ¿Otra vez, como en la playa?

-Paula, deja de cortar el rollo. Voy a hacerte la misma pregunta dentro de veinte segundos ¿vale?

-Está bien...

-¿Me concede este baile señorita?

-Por supuesto.

-La música está en tu mente.

-¡Qué original con tus frases!

Empezamos a bailar sin música; parecíamos estúpidos, aunque era una sensación agradable. Recordé nuestro momento de la playa.

-Oye niña-empezó a cantarme Carlos-te digo una cosita, y es que se te ve linda y quiero conocerte. Perdona mi atrevimiento pero no puedo dejar que te vayas.

-¿Te has aprendido mi canción favorita?

-Por ti, iría a la otra parte del mundo, iría a Marte, iría al fin del mundo con tal de estar contigo un segundo más.

Le di un beso.

-Te regalo una noche de esas que tú sueñas, para que nunca te olvides de mí. Y te haré volar a las estrellas y ahora verás que nací para estar junto a ti.

-Te quiero, mucho-sonreí.

-Y yo a ti.

Volvimos al hotel abrazados el uno al otro.

-Bueno, espero que te lo hayas pasado bien-comentó Carlos.

-Sí, genial, estupendamente. ¿Quieres pasar?

-Si insistes...

-No seas bobo.

A partir de ahí todo pasó por sí solo.

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