Capítulo 6

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Hace un tiempo que encontré algunas imágenes en la red y elegí que sería la apariencia de algunos de los personajes de esta historia. Las imágenes no me pertenecen.

Éste sería Ignacio.

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Emiliano había vuelto justo a tiempo para ir a sentarse con Álvaro e Ignacio a la segunda fila del lado del novio. Las sillas tenían una etiqueta con el nombre de cada uno y a Emiliano le tocaba en el lado del pasillo por donde caminarían Raúl y su prometida.

—Ignacio, ¿cambiarías de lugar conmigo, por favor? — pidió Emiliano con seriedad.

Ignacio lo miró, extrañado, enarcó una ceja pero no se negó. El orden original era Emiliano, Álvaro e Ignacio. Álvaro seguiría al medio de ambos, pero extrañamente Emiliano había querido permanecer lejos del pasillo.

Álvaro lo notó extraño pero no dijo nada de momento, pues la ceremonia ya iniciaba. Raúl ya estaba frente al altar, con Enrique a unos pasos, como su padrino. El sacerdote estaba igualmente ahí, listo para poder unir en matrimonio a Raúl y aquella hermosa mujer que acababa de comenzar a caminar por ese pasillo, aferrada al brazo de su padre.

La música clásica sonaba de fondo, los invitados admiraban cada detalle del lugar, la decoración, lo apuesto que se veía Raúl con su porte serio, el hermoso y amplio vestido de la novia con aquella cauda tan larga de tul y encaje e hilos de oro, y la incógnita de cómo sería su rostro al quitarse el velo.

Cuando la novia llegó hasta el altar, su padre la entregó a Raúl con toda la ceremonia que suponía aquello. Se apartó y tomó asiento del lado de los invitados de la novia.

Los violines se volvieron más tenues mientras el sacerdote pronunciaba algunas palabras y recitaba fragmentos de la biblia. Raúl ni siquiera miraba de reojo a su prometida, no le interesaba para nada. Tenía unas horribles ganas de bostezar pero tendría qué aguantar hasta que terminara la ceremonia.

Más tarde llegó el momento en el que colocaron los anillos uno al otro, recitando los votos que el sacerdote les pedía. Raúl exhaló por enésima vez, como si su alma estuviese tratando de decirle algo, quizá detener aquello porque sabía que sería infeliz el resto de su vida. Cuando se colocó de costado para ver de frente a su futura esposa y ponerle el anillo, no pudo evitar mirar de reojo hacia donde estaba Álvaro. Tragó saliva y colocó el anillo en la delicada mano de la joven.

El sacerdote pronunció aquellas palabras, declarándolos marido y mujer ante la ley de Dios. Raúl sintió una punzada en el pecho, como si aquello fuese una sentencia de muerte.

—...Puede besar a la novia...— dijo el sacerdote.

Raúl alzó el velo de la joven cuidadosamente. Ella se veía radiante y sus ojos reflejaban mucha ilusión. Él sólo se inclinó para estar más a su altura y besó fugazmente sus labios, con semblante serio. Caminaron por aquel sendero, ella aferrada a su brazo, a paso lento y ceremonioso.

Ignacio y ÁlvaroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora