2| Kill alias Matar

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Cap. 2| Kill alias Matar.

POV: Alma.

¿Quién se dobló el tobillo porque un desconocido atractivo casi la arroya?

¡A mí, Alma Kendrick!

¿Y a quién ese desconocido está llevando a un hospital con riesgo de que se desvíe, secuestre, haga tantas cosas quiera y luego deje botada por un lugar de esos?

Así es, ¡A mí, señores!

Creo que me quedaré sin uñas al paso que voy, estoy que me hago encima de los nervios, pero supongo que sé disimularlos... en ocasiones, claro está. El que me esté arrancando las uñas no ayuda a disimular muy bien.

Estoy tan ida que me sobresalto cuando él sale del auto y cierra la puerta de un portazo, para luego abrir una de las puertas traseras.

Intenta cogerme en brazos para ayudarme a bajar, pero lo miro con fastidio.

—Yo puedo bajar sola, no necesito ayuda—digo.

Él asiente lentamente no muy seguro.

—Muy bien, vamos—dice.

Yo bajo sólo dejando apoyado el pie bueno. Dando saltitos me alejo de la puerta para poder cerrarla. Luego miro el trayecto que me llevará llegar a la entrada del hospital dando tan sólo saltos.

Frunzo los labios y el ceño, me giro a ver al desconocido que se llama Killiam, él cual me observa con una ceja alzada.

—¿Y bien? ¿Ahora sí dejaras que te ayude?—indaga, tratando de retener una sonrisa que amenaza con escaparsele.

Me le quedo mirando fijamente, luego exhalo.

—Bien, supongo que necesito tu ayuda—murmuro.

Él se acerca a mí, pero antes de tomarme entre sus brazos me mira pidiendo permiso.

Ahora la que alza una ceja soy yo.

—¿No es tonto que pidas permiso ahora?, cuando minutos antes me alzaste sin mi consentimiento—digo, y él se encoge de hombros.

—Nunca es tarde para los modales—dice, y casi río, casi.

Resoplo.

—Sólo terminemos con esto, desconocido—digo.

Él me alza en brazos y frunce el ceño.

—Me llamo Killiam, lo viste en mi cédula—dice empezando a caminar—Pero puedes decirme Kill.

Lo miro extrañada, pero cuando él gira su rostro para verme por igual, desvío mi rostro para un lado. Estamos demasiado cerca.

—Es algo raro que el diminutivo de tu nombre signifique matar—digo.

Él se encoge de hombros.

—Ya estoy acostumbrado—dice.

—De acuerdo, Kill alias Matar.digo.

Él ríe. Linda risa por cierto.

—Y tú aún no me has dicho tu nombre—reprocha.

—Quizás luego—digo, él suspira a la vez que asiente.

Ya dentro del hospital él habla con alguna enfermera y me traen una silla de ruedas, como si fuera a dar a luz o algo, y me dejan en una sala de espera. Pocos minutos después estoy dentro de un consultorio, evaluan mi pie y efectivamente tengo el tobillo dislocado. Poco después soy una chica con un yeso en el pie izquierdo y muletas.

Killiam insiste en querer llevarme a mi casa, pero esta vez si me niego rotundamente y digo que me iré en taxi. Dándose por vencido me pide que al menos le deje llamar el taxi, no me niego a eso.

Cuando estoy subida al taxi me despido con un: «Gracias por no dejarme tirada con un tobillo dislocado, que tengas buen resto del día.»

Luego de eso fui llevada a casa por un taxista parlanchin, el cual duró todo el trayecto a casa hablando de como una vez se dobló el tobillo intentando bailar merengue.

Súper interesante... Nótese el sarcasmo.

Cuando estoy frente a mi casa y me volteo para pagarle al taxista, este niega alegando que ya el chico que me acompañaba le había pagado.

Con dificultad comienzo a caminar hacia la entrada de la casa con las jodidas muletas.

Al llegar a la puerta saco la llave de uno de mis bolsillos con algo de dificultad. Luego de unos segundos en eso me adentro a casa y maldigo mentalmente al ver las escaleras que dan hacia la planta de arriba, hacia mi habitación.

Siento un alivio al ver a mi tía Jannet bajar las escaleras, al verme da un chillido y se acerca rápidamente hacia mí.

—¡¿Qué te sucedió?!—pregunta, volteando mi cara lado a lado para ver si tengo otro tipo de daño. Le voy a contestar pero me hace otras preguntas—¿Estás bien?, ¿Tengo que denunciar a alguien?, ¿Te duele mucho?, ¿Estás...?—la interrumpo.

—Me encuentro bien, tía. No te preocupes—digo.

—¿Cómo no preocuparme al verte con un yeso, Alma?—dice—Vamos, te ayudaré a subir a tu habitación y me cuentas como te pasó esto.

Asiento, y mientras nos dirigimos hacia arriba no puedo evitar hacerle la pregunta que le he estado haciendo desde hace semanas.

—¿Aún no han enviado a otro psicólogo a hacerlas de niñero conmigo?—indago.

Ella suspira.

—Aún no. Creo que ya todos los psicólogos de esa clínica te huyen, no se lo has puesto fácil a ninguno—dice.

—No necesito de un psicólogo, estoy bien, tía.—digo, frunciendo el ceño.

Ella también lo frunce.

—No lo estás, Alma, y lo sabes muy bien. ¿Qué acaso has podido dormir bien en las noches?, tus ojeras me dicen muy bien la respuesta—dice, nos adentramos a mi habitación—Sé perfectamente que sólo el insomnio permanece en ti de los síntomas de hipervigilancia y reactividad, me alegra saber que los arranques de ira y los otros síntomas ya no son algo por lo que preocuparse. Pero necesitas volver a ser esa chica feliz que eras antes de toda esa tragedia—coloca sus manos en mis mejillas—El que estés viva en estos momentos es un regalo, no debes de sentirte culpable por nada de lo ocurrido. Ya es tiempo de que dejes de estar estancada en los malos recuerdos y vivir recordando los buenos y bellos momentos, mi Almita.

Pestañeo continuamente para alejar las lágrimas que se quieren avecinar.

Ella me da una media sonrisa.

—Ahora, cuéntame cómo y porqué tienes un yeso en tu pie izquierdo—dice sentándose en mi cama; me siento a su lado y procedo a contarle todo lo ocurrido en el día de hoy.

—Ay Alma, que bueno que por lo menos el chico no te dejó tirada en la calle, es bueno que aún existan personas samaritanas—dice. Yo asiento dándole la razón—Me iré para que puedas descansar, ¿no se te antoja nada?

—No, gracias tía. Ahora no tengo hambre.

—De acuerdo, cualquier cosa me avisas, ¿Ok?—yo asiento y ella besa mi frente para luego marcharse cerrando la puerta detrás de sí.

Me dejo caer de espaldas a la cama, pero siento algo en mi bolsillo trasero, lo saco y me percato de que es la cédula de identidad de Killiam.

Detallo su foto minuciosamente.

«Ese chico está para morirse. En mi caso es bastante literal, y su primer nombre no lo ayuda mucho que digamos» se me escapa una pequeña sonrisa. «Así que yo le diré Abraham»

De su psicólogo a su novio © [#2] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora