Capítulo 29

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El otro hermano.

Piotet, Alemania.
11 de octubre, 2019.

Haiol Holbein✖

Ese día lo supe, era el momento, el mejor lapso de tiempo para que dos personalidades alternas se miraran los rostros, al menos una vez más.
Su odio, la envidia en esa mirada, me provocaba una extraña felicidad.
Durante mucho tiempo, fingimos paz,
una tranquilidad que nuestro padre nos exigía ante esa gran mesa, nos observábamos los rostros, pero las facetas que mostramos eran tan falsas como las promesas que Sonell nos hacía.

—Vamos Haiol, una vez más, sé que puedes hacerlo.

No quiero — me estremecí, ocultándome detrás del montón de cajas, esa presión en mi pecho culpaba a mi propio padre por ser él causante de la ansiedad que tanto me oprimía.

—Pero debes hacerlo, tienes que tomar eso, hijo — detrás de ese tono amable, existía rabia, oscuridad, una guerra que quizá pronto comenzaría y nos consumiría.

En varias ocasiones, encontré a Heng llorando en la bañera, el chico sonriente y fugaz estaba desapareciendo. La lucha indeterminable que Heng tenía, era evidente en las lesiones de su cuerpo, rastros que el dolor dejaba al ser más grande que su propia fortaleza.
Mis hermanos sabían que papá tenía un favoritismo muy evidente hacia mí, y eso me hacía sentir querido, importante, con un sentido especial para la vida de Sonell. Pero si hablábamos de planes, secretos y actos de lealtad; Heng siempre fue el indicado por alguna oscura razón.

Kahler me dirigía la palabra cuando la situación lo obligaba demasiado, comprendía los motivos de su odio, él tenía una envidia grande y poderosa que algún día creí que acabaría por convertirlo en un infeliz. Si, definitivamente ese repudio era mutuo, yo también odiaba a ese chico que simulaba ser lo mejor. De todos los rostros él más asqueroso para mí, no fue el mismo que desde un comienzo me convencí en determinar.

Fue una gran sorpresa saber que el débil nuca fue Heng.

Mis recuerdos pasados volvían para ser mi condena durante las noches, sentía lástima por Kahler, existía algo que si lo destruiría por completo. Y esa verdad convertiría a Heng en su mayor enemigo.

— Encierra a Haiol, ni una palabra de esto Heng.

—Sí Sonell, ya mataste a mamá.

—¿No te gustaría perder a Kahler, verdad?

—Cumples tus promesas padre.

—Y tu mis condenas Heng.

Sonell Holbein mató a su esposa, su hijo menor lo sabía y ambos le seguían ocultando la verdad a Kahler.
Vivíamos juntos, por lo tanto llegué a notar lo difícil que seguía siendo para Kahler...aceptar que su madre se había ido por siempre. Ese vacío constante, se notaba en su ira, en los malos tratos, y también se apreciaba con facilidad, cuando el aparentemente chico más rudo, salía al balcón y miraba las estrellas mientras su rostro se llenaba de lágrimas.

Darel y yo creímos que podíamos ingresar al sistema del comité, robamos horarios e investigamos las direcciones de los principales proveedores de drogas. Él más sereno para manejar la situación era Glon, así que le cedimos esa parte del plan: Crear una farsa de negocios con la familia de Ann Urie. Nuestro plan marchaba muy bien, esa mañana mi amigo Glon se reunió en una instalación de la estación de autobuses, ahí recibiría los paquetes de esas raras sustancias. Bress estaría en compañía de Aileen, vigilando ante la posibilidad de algún ataque, además de que llevaron un auto exclusivo para seguir a los sujetos que distribuían las drogas. Como muchos lo imaginábamos, esa actividad de distribución era obra de Sonell, por medio de las sustancias pretendía que tiempo después los consumidores perdieran la razón, hasta llegar al supuesto hospital, disfrazado totalmente, porque se trataba del laboratorio experimental del comité donde los sometían a pruebas, en busca de las piezas.

Estación Holbein © [Completa ✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora