Camino a recordarte - Parte 1

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“—Las clases pasaban más lentas de lo normal y aunque la voz del maestro era la única en la clase, sentía que no era así realmente, sentía que podía oír los pensamientos de todos, hablando sin parar al mismo tiempo.

Estaba en medio de todo, por un lado las chicas se alejaban de mí, por pensar que era el tipo de hombre que juega con las chicas, y por otro lado los hombres, creían que tenían a su lado a alguien que había dado ese salto a la madurez que ellos tanto desean.

Pero entre esos dos grupos llenos de suposiciones erradas, estaba yo, con una verdad atorada en la garganta la cual se quedara ahí para siempre.

Entre tener a la soledad de vuelta y estar a un paso de ser el popular don juan de la escuela, cosa que no me queda, por que poco se de esas cosas, recordé que siempre podría actuar, y llegando a un paso aún más cerca del auto-odio, tendría que ser como él, y volver oscuro mi corazón al igual que antes.

Si quieren que sea el malo, lo seré, puesto que alguna vez lo fui, y me sorprendí de lo bueno que era.

El receso empieza, la mayoría de las chicas cerca de mí, se repelen como imanes con polos iguales, forman su grupo y empiezan a hablar entre ellas.

—Bro, ¿me vas a contar como fue?  “—me dice México.

—Quisiera hacerlo, pero debo dejar las cosas como van, quiero ver cómo sale luego, ya sabes, uno nunca sabe que puede pasar y los problemas que pueda tener, en pocas palabras, quiero ver si puedo conseguir más que esto. “—le digo mientras tengo una leve sonrisa.

“—Siento miradas clavadas en mi espalda, y es normal, si hay algo que las chicas más odian es ser vistas como objetos, cosa que yo nunca he pensado, pero entre las apariencias y mi forma de ser real, hay un vacío tan grande que ni todos los tacos de México podrían llenar.

Escondido tras una máscara empecé, y en la continuidad del tiempo me aleje mucho más de la meta que tenía al llegar aquí.

Me sorprendió el hecho de que hayan chicas que se interesaban en mí, me había vuelto un tipo de amuletos, algo así como Ekeko (amuleto de la suerte) de la popularidad, sé que esta popularidad es momentánea, y que se ira en cualquier momento, pero han pasado dos meses y creo que se está tardando.

En el tiempo que pasó, deje de hablar poco a poco con mis compañeros de aula, ya que empecé a ser invitado por los cursos superiores, pero a diferencias de las chicas de mi clase, las mayores me veían de forma diferente, no sé si son ideas mías, pero siento que seré devorado por Venezuela, Colombia y Ecuador en cualquier momento.

Miento a cada segundo, y aun cuando no digo nada continuo mintiendo, el simple hecho de no decir la verdad complica todo, estoy manchando la imagen de mi país y es lo que más me duele, ¿dónde quedo esa felicidad que empecé a sentir? Esa que me abandono antes de venir aquí, y que creí poder recuperar.

Las risas de él hacen eco en mi mente, siento que si esto continua de este modo terminare siendo como el, sus palabras aún están marcadas en mi mente:

“Creí que siempre seria el malo, y que siempre serias el lastre tras de mí, podrás llamarle una fachada a esa forma de actuar que tienes, pero sé que esa es tu realidad, la realidad que ocultaste siempre y que no quieres aceptar. He perdido, tu verdadero tú y tus verdaderas intenciones me hicieron añicos, tu crueldad supera la mía con creces, y en tu eterna lucha por fingir que no es verdad te ahogaras, morirás, y solo ese tu real será quien viva”

¿Sera que acabo de caer en algo así? ¿Un agujero negro en el cual mi personalidad se volvió turbia y enteramente ajena a la verdad?

He fallado, caí completamente y luego caí aún más, es tan profundo y oscuro que no creo poder salir, pero en las situaciones imposibles puedes sacar a flote nuevas habilidades, esas que desconoces y que siempre están ahí, esperando.

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