¿Lista?

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-Me van a matar.

Valerie se miró una vez más, nerviosa, de pies a cabeza. Si bien la pintura ya había secado ambos estábamos realmente hechos un desastre.

-Yo hablo con ellos -le aseguré.

Sus ojos se abrieron sorprendidos.

-Sé lo que te digo. Tu entra, saluda y ve a bañarte. Yo hablo con ellos.

En ese momento abrieron la puerta. Su mamá era idéntica a ella. Un poco más alta quizás,  pero los rasgos eran casi idénticos. Salvo los ojos. Deduje que Valerie había heredado los ojos de su papá porque los de su mamá no tenían ese color tan especial y atrapante.

-Va... Va...Valerie ¿Qué pasó?

"Momento de hacer mi entrada" me dije.

-Buenos días, señora -le tendí una mano.

Nos miró perpleja, pasando sus ojos de uno a otro.

-Oh, perdone -fingí que no me había dado cuenta de lo manchada que tenía la mano y pretendí buscar con que limpiarla.

-No te preocupes -sonrió aún sorprendida estrechándome la mano -Pasen.

Se hizo a un lado para darnos sitio. Valerie me lanzó una mirada a la que respondí asintiendo muy levemente.

-Déjeme explicarle todo, por favor -me volteé a su mamá.

Cuando esta asintió, Valerie se disculpó diciendo que iría a bañarse. La señora me invitó a sentarme, pero le pedí un periódico viejo para asegurarme de no manchar nada. Pareció agradarle mi interés. Poco después le estaba contando la batalla que se había organizado en el colegio, omitiendo, claro está, nuestra intervención como promotores del asunto. Salteé también el ataque al director en el que Valerie no se había mezclado. Mi participación no era de su interés así que tampoco me molesté en mencionarla. Aprovechando que Valerie se demoraba decidí pedir permiso para el fin de semana.

-Donde una amiga... -repitió dudosa.

"Amiga... amigo... casi la misma cosa... ¿no? No hace mucha diferencia de quién es la casa si el dueño ni va a estar" me dije.

-Lo sé, no suena tan bien. Le juro que es alguien a quien conozco de toda mi vida y es de confianza. Usted me dirá que no sabe quién soy yo siquiera. Mire, es un fin de semana de amigos. Yo quiero ser sincero con usted. Habrá fiestas, sí, quizás una trasnochada, pero nada más. Con todo el respeto que se merece, de seguro usted alguna vez también fue a algo así. Valerie tiene pinta de no haber ido a una fiesta en su vida. Es por ello en parte que yo le pido que la deje ir. Creo que se lo merece ¿no?

Su mamá balbuceó.

-Yo voy a velar por ella. Se lo prometo -carajo, ahora tenía que cumplir... odiaba jurar en vano -la voy a cuidar. No pienso dejar que nada le ocurra. Yo respondo por todo lo que pase y le aseguro que no será nada. Es un fin de semana tranquilo, entre amigos, con una celebración. Naturalmente le interesará saber cómo será todo. Yo mismo puedo llevar y regresar a Valerie. Los chicos dormiremos en el jardín en carpas. Es una tradición que tenemos desde pequeñitos. Le doy todos los datos que desee. La dirección de la casa, el número de teléfono y para que esté más tranquila mi número de celular y si desea, le doy el de mi mamá para que esté usted más cómoda -le regalé la mejor de mis sonrisas.

-Pues...

-Por favor. No sería lo mismo si no la dejan venir. Me imagino que ella no le ha pedido permiso aún porque le avergüenza o porque no quiere ser un fastidio. Valerie se preocupa un montón por usted ¿sabe? Dice que debería descansar más -aproveché el detallito que recordaba del fin de semana pasado -Quizás no dijo nada para no molestarla y poder quedarse ayudando.

La sorpresa de su mamá fue absoluta. Sus ojos se empezaron a llenar de lágrimas. Eso me sorprendió a mí.

-¿Crees que le hará bien ir? -me preguntó.

-Sí.

Ella asintió suavemente. En ese momento escuchamos como se apagaba la secadora.

-Ahí viene -me advirtió.

Giré hacia las escaleras sabiendo que querría un momento para secarse las lágrimas.

-¡Lista! -anunció al llegar junto a nosotros.

-Te envidio -le dije.

-Voy a la cocina -anunció su mamá -¿quieren algo de tomar?

-Yo estoy bien, gracias -contesté.

Valerie no contestó. Mantenía sus ojos clavados en mí, como si supiera que había hecho algo. Cuando nos quedamos a solas me preguntó:

-¿Qué toca?

-¿Ya te emocionaste? -sonreí burlón.

-¿Qué estás planeando? -había algo suspicaz en su mirada.

-Nos vamos todo el fin de semana a la playa.

-¿Cómo?

-Vas a decir que te vas a quedar en la casa de una amiga -le dije en un susurro.

-Pe... pero...

-Es la casa de Hernán -aclaré -es casi lo mismo.

Por un instante logré sacarle una sonrisa.

-No me van a dejar.

-Intenta.

-No quiero mentirles a mis papás.

-¿Cambia mucho si es amigo o amiga? Digamos que Hernán es gay y listo -me encogí de hombros.

-Qué gracioso -su sarcasmo fue acompañado de una mirada fría.

-Solo pídeles permiso. Eso es todo. Mañana vengo por ti a las ocho de la mañana.

-Creí que no te levantabas temprano.

-La ocasión lo requiere -le aseguré.

-¿Qué quieres que les diga? ¿Que voy donde una amiga? ¿Nada más?

-No omitas que estaré ahí. Y di que quizás haya alguna fiesta chica.

Ambos lanzábamos con cierta frecuencia ojeadas hacia la cocina, asegurándonos de que su mamá no regresara.

-Hablando de eso -continué -lleva ropa adecuada... si tienes.

-¿Adecuada?

-Tú sabes. Para la playa pero también para una fiesta.

-Creo que tengo algo... -susurró.

Ese "algo" me sonaba muy extraño. Mentalmente crucé los dedos, rogando que fuera algo decente.

-Mándame un mensaje cuando te den el permiso, "angelito".

-¿Ya te vas? -por un instante su tono me resultó desconcertante.

-Necesito un baño urgente -respondí -y me gustaría saber qué fue de los demás.

-¿Se habrá dañado el carro? -preguntó preocupada.

-Eso no importa -forcé una sonrisa.

-Creo que jamás estaremos de acuerdo -rió con cierta tristeza.

-Nos vemos mañana, "angelito". Espero encontrarte lista -me despedí con una sonrisa.

The Real Bad Boy¡Lee esta historia GRATIS!