Capitulo 1

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El monólogo se repetía en Mi cabeza cada mañana:
Mi nombre es Clara West y bueno, dentro de dos meses voy a cumplir 16 años. West es un apellido que yo misma adopté de pequeña. Sinceramente lo único que sé es que me adoptaron cuando cumplí los cinco años pero no sé quiénes fueron. La historia oficial de cómo terminé en ese orfanato es que aparecí con dos días de vida en la puerta del edificio.
Por otro lado, jamás vi a las personas que me adoptaron. Toda mi vida viví con diferentes niñeras y cuidadoras.
Vivo en Londres pero no suelo salir mucho, me gusta quedarme en casa desde lo que ocurrió, pero no es algo de lo que vaya a hablar ahora.
-Vamos Clara, es hora de que vayas al colegio.- me dijo la mujer que me cuidaría este mes.
Todos los meses mi cuidadora cambiaba para que no me encariñara con nadie. Se podía decir que era millonaria por ello, pero la realidad es que yo vivía en una casa pequeña de una sola planta con miles de goteras y debía trabajar para poder comer. Sentía que avergonzaba a mis padres y por eso jamás querían verme.
La mujer me tendió un sobre y musitó un " de tus padres". Solía recibir algunas cartas a veces.
Lo único que sabía de ellos es que no son los mismos que me adoptaron cuando cumplí cinco años. Mi custodia cambió porque al parecer mi "padre" era muy anciano y falleció. Eso pasó cuando yo tenía cerca de ocho años pero nada cambió. Seguía en la misma casa, con la misma posición y las mismas reglas y sin conocer nada sobre mi vida.

Vendrás a vivir con nosotros antes de tus dieciséis años, prepara tus maletas. Pasaremos en tres días.

Eso fue todo lo que recibí pero el mundo se me cayó. ¿Vivir con ellos? Pero no los conocía. ¿Al fin sabría quiénes eran? Pero, ¿podría llegar a quererlos? Lo cierto es que les había guardado un gran rencor durante todos estos años.
Salí rumbo al colegio en mi autito. Yo misma lo había comprado y, se suponía, no debía conducirlo pero tenía unos contactos que me ayudaron. Ser campeona de carreras clandestinas tiene sus ventajas.
Una vez en el colegio me dirigí hacia el aula.
-Clara, ¿salimos hoy?- preguntó Stefi, una de las chicas con las que me juntaba.
-Perdón, hoy no.
-Siempre decís lo mismo.- se quejó.
-Por algo será.- dijo Paul volteando a mirarla.
-Paul.- lo regañé.
Él era mi mejor amigo, mi hermano mayor y mi peor pesadilla. Lo conocí cuando empecé en este colegio, "accidentalmente" le tiré mi jugo en la cabeza por reírse de mi. Ese día nos volvimos amigos y nunca mas volvimos a separarnos.
-¿Vas a ir hoy?- me preguntó.
-Claro que sí. Sabes que nunca falto.
Me quedé hablando con él de cosas sin importancia hasta que la profesora entró al salón, entregó los exámenes y un hermoso 10 relució ante mis ojos. Todos morían por tener mis notas pero yo lo único que hacía era volverlas un bollo y meterlas en mi mochila.
Al salir del instituto me dirigí al taller en el que trabajaba. Mi jefe, Mark, era otra persona a la cual apreciaba mucho. Él me ayudó a reconstruir a mi autito pieza por pieza.
-Tené cuidado, campeona.- me dijo antes de que saliera.
-Sabes que siempre sale todo bien.- dije y me retiré cuando mi turno terminó.
Subí a mi autito y fui hasta casa donde dejé mi mochila y me agarré una manzana antes de salir nuevamente.
Una vez en las carreras conduje como nunca. Llevaba dos años invicta y me agradaba ver los esfuerzos que todos hacían para ganarme. Paul estaba ahí, como siempre pero no podía ganarme porque él ya no conducía desde aquel día, creo que no volvió a subir a un auto.
Esa noche salí victoriosa, a la siguiente también y también la otra más.
No sabía que esa carrera iba a ser la última que haría como Clara West, una chica sin conocimiento sobre su vida.

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