Capítulo 12 - CRÓNICA DEL LESBIANISMO EN LA TIERRA I

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La última esperanza Venérea

Durante el segundo mandato del canciller Rodolfo Vanderculen las cosas llegaron a ponerse muy feas en el planeta Venus. Los ayuntamientos y edificios oficiales de cualquiera de sus municipios, antes gobernados única y exclusivamente por las mujeres, comenzaban a lucir engalanados con glamurosos y colosales estandartes del 'Partido de los Trabajadores Mariconazis Venusianos' (PTMV). La prensa y los informativos se convirtieron en el principal instrumento de propaganda política para el régimen Marico-nacionalista y ya no había un solo rincón en toda la sociedad venusiana que pudiese resistir el embiste de aquella nueva e imperante tendencia.

En plena campaña electoral por la sucesión al parlamento los piquetes lealistas infectados –que por aquel entonces representaban únicamente el quince por ciento de la población masculina del planeta– comenzaron a difundir panfletos informativos en favor de una nueva forma de sexo entre hombres que, aunque no la necesitaban porque en Venus sí había siete mujeres por cada hombre –y que encima estaban buenas–, rápidamente llamó la atención de los varones heterosexuales gracias a su convincente eslogan: 'Si no lo has probado no puedes saber si te gusta' acompañado por una acertada e icónica imagen en la que aparecía un robusto efebo guiñando el ojo y levantando su dedo pulgar en señal de 'yo sí que lo estoy petando'. Además, si forzabas un poco la vista concentrándote en dos puntos, de entre las piernas le aparecía un rabo gordo y muy simpático que sonreía mientras saludaba levantándose el prepucio como si éste fuese un sombrero de copa.

El libertinaje homosexual, sus bochornosos desfiles, los indecentes delitos de exhibicionismo en público y los impúdicos escándalos sexuales a plena luz del día junto con la insoportable peste a sudor, alcohol, vaselina y orines acabaron adueñándose por completo de aquellas calles en las que hasta entonces había imperado el esplendor y la magnificencia de la suntuosa cultura femenina.

Tras la recién instaurada ley sálica –que impedía el que cualquier partido constituido por mujeres pudiese llegar al poder– las buenas formas que el PTMV mantuvo durante su primer gobierno de coalición con 'Convergencia Venérea' se fueron literalmente a tomar por el culo. Una mañana en la que el canciller se levantó con una terrible erección tuvo a bien imponer por decreto una nueva ordenanza que obligaría deportar a todas las mujeres para que éstas fuesen confinadas a los campos de concentración de Tierra Afrodita en el hemisferio sur, una de las regiones de Venus donde más se hacía sentir la peste a azufre y que encima no contaba con el abastecimiento eléctrico suficiente como para poder conectar los móviles y los secadores de pelo que funcionaban a 220v.

Finalmente las mujeres de Venus tuvieron que reconocer su desafortunado error al permitir que los homosexuales terminasen llegando al parlamento... pero como en tiempos de crisis trataban de fomentar el compañerismo entre ellas decidieron que no se echarían la culpa por lo sucedido y aceptaron su nueva condición de esclavas sumisas poco tiempo después de que se produjera el abusivo y desaforado decretazo. Cuando parecía que todo estaba ya perdido para las féminas, Mortañorda –una de las más notables dirigentes del senado venusiano que era terriblemente frígida y aburrida–, consiguió aprovechar un des-piste de los marico-guardias que la custodiaban y logró escapar despegando en una de las lanzaderas que por casualidad tenía puestas las llaves en la ranura de contacto. Momentos después, y ante el desconcierto de los marico-guardias, la astro-nave abandonó la exosfera de Venus. La senadora pudo escapar.

Mortañorda celebró su dicha profiriendo ofensivos insultos contra el régimen de los maricones, recitando ancestrales cánticos de rebeldía en plan hooligan y emborrachándose con los botellines de whisky y acerbeza que contenía el mueble-bar, consciente de que no tendría por qué pagarlos. Tan sólo llegó a beberse un par de ellos cuando comenzaba ya a presentar claros síntomas de embriaguez; y es que todo el mundo sabe que no se debe beber con el estómago vacío.

Mortañorda se quedó dormida al volante, con la frente apoyada contra la palanca de híper velocidad, y el pedal –metafórico y literal– la condujo horas-luz más tarde hasta la estratosfera de un nuevo planeta color azul que se convertiría en su próximo hogar mientras que –pensaba ella– sus compañeras de rebelión no lograran liberarse del régimen marico-nacionalista opresor y pudiesen venir a rescatarla. Sin saberlo, Mortañorda fue la única mujer superviviente que consiguió salvar su pellejo durante el tiránico y despótico régimen del canciller Vanderculen. El final de la historia del planeta Venus pasó a convertirse en el nuevo comienzo de la historia de los maricones del espacio.

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CHAPARRÓN DE POLLASWhere stories live. Discover now