— ¿Qué demonios haces tocando mis cosas?

Estaba enfadado. Y según su ceño se pronunciaba y se le marcaban las venas del cuello, el enfado crecía. Scarlett dejó de inmediato el libro en el estante de donde lo había sacado.

—Lo siento, no pretendía parecer maleducada.

—Pues lo has hecho. ¿Se puede saber quién eres y qué haces aquí?

Scarlett se sentía intimidada por la presencia del chico. Era más alto que ella, pero no mucho y no tenía una constitución fuerte como para asustarla, sino que era más bien delgado. No obstante, lo que sí tenía eran unos ojos color avellana audaces y fieros que la observaban sin parpadear. Era su expresión lo que intimidaba.

—Me llamo Scarlett, me trajeron aquí los otros Guardianes y…

— ¿Te detuvieron? —la interrumpió él.

Scarlett meditó un poco la respuesta. Ni ella misma estaba muy segura de si estaba detenida o no, a pesar de las palabras del capitán.

—No…

El chico se cruzó de brazos y dio varios pasos hacia ella. Scarlett retrocedió automáticamente. Tenía un aire extravagante, incluso sus ropas, un traje azul marino con chaqueta de terciopelo y zapatos negros muy pulcros.

— ¿Entonces qué pintas aquí? ¿Te dieron permiso los otros Guardianes para husmear en mi biblioteca, también? ¿O será que te has escapado de una celda…?

La espalda de Scarlett chocó contra una mesa y se dio cuenta de que ya no podía seguir retrocediendo, aunque el joven siguiera avanzando hacia ella.

—Estoy aquí como testigo de uno de los presos y no estaba husmeando.

Puede que el chico la intranquilizara, pero no quería permitir que le hablasen en ese tono.

— ¿Sabes a que me huele a mí? A mentirosa. —con un ademán brusco, cogió el libro que Scarlett había estado leyendo de le mesa y lo colocó en la estantería sin perderla de vista—Los testigos se quedan en el despacho del capitán a lo máximo, no tienen vía libre para fisgonear por la casa.

— ¡No estaba fisgoneando! ¡Me han dado permiso para…!

Había empezado a elevar el tono sin darse cuenta y el chico la agarró por un brazo y la llevó a rastras hacia la puerta.

— ¡Soltadme!

—Cállate. —dijo con rabia. —Voy a sacarte ahora mismo de esta casa, fisgona.

Antes de que llegase a la puerta, esta se abrió de golpe y por ella apareció el capitán de la Casa, flanqueado por Chelsea y Mark.

—Suelta a la chica, Julian. —dijo, manteniendo la compostura pero con un tono claramente amenazador.

El llamado Julian no se lo pensó dos veces antes de soltarla. Scarlett se tocó el brazo, dolorido por donde la había estado agarrando y se alejó del muchacho, situándose por instinto al lado del capitán.

—Me gustaría tener una reunión general en cuanto llegue María. Tengo sospechas sobre algo de suma importancia, relacionado con Scarlett aquí presente. —dijo Dáranir señalándola.

Scarlett esquivó como pudo las miradas curiosas –y acusadoras- que le llegaron.

«Yo no he hecho nada malo» se repetía. «Si quisieran juzgarme por vivir en Ozirian a pesar de mi condición de humana, ya estaría tras barrotes»

— ¡Ya estoy aquí! ¡Que dé comienzo la reunión!

La pequeña muchacha rubia entró como un torbellino en la biblioteca. El hombre más voluminoso (Scarlett estaba casi segura de que su nombre era Mark) sonrió ante su llegada, mientras que el más delgado que había sido tan rudo con ella puso los ojos en blanco.

Crónicas del Submundo I - El último Guardián[Pausada] ¡Lee esta historia GRATIS!