Esperaron en silencio mientras se sostenían de la mano con los dedos entrelazados.

O mejor dicho, él la sostenía a ella y viceversa. Ninguno de los dos podía quebrarse o quemarse, porque ambos se mantenían de pie gracias al otro.

La noche era fría y solitaria. Una lámpara iluminaba pobremente el sitio donde estaban sentados.

El otro autobús llego al cabo de unos instantes.

Diferente conductor.

Diferente color.

Misma ruta, pero de regreso.

Ambos se levantaron sin soltarse. Saludaron al chofer y se sentaron juntos de nuevo. Sin emitir ninguna palabra, como si el momento fuera tan frágil que hablar lo quebraría.

Ashton se giró a verla, sus jeans rotos, sus converse sucios, sus ojos grises y cabello castaño, Almendra despedía un particular aroma a chocolate, entonces sonrió, por qué desde el momento que ella subió al autobús sabía que no se podía ir sin siquiera dirigirle la palabra y ahora estaban ahí sin poder separarse.

“Supongo que solo necesitas de una oreo para saber con quién pasarás el resto de la noche” susurró en broma y ella rió porque Ashton tenía razón.

“También necesitas un yesquero, un piromaniaco y una chica con problemas de ansiedad.” Agregó y él la miró con dulzura esperando que este viaje fuera más largo.

“Y una canción de Green Day y una camisa de Cobain.”

“Y ya estamos completos.”

pyro. ai¡Lee esta historia GRATIS!