Capítulo 19 - Padres Dinero y Apuestas (En edición)

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Lo observé con la boca semi abierta. Mi padre. Él hombre que me abandonó, el que abandonó a tres niños pequeños y a su mujer. Cerré los ojos y apreté los labios fuertemente, evitando que cualquier cosa salga.

Quería salir corriendo de allí. Quería olvidarlo todo, poder tomarme un minuto donde tener preocupaciones, poder tomarme solo un minuto donde todo sea perfecto. Volver a mi adolescencia y poder rehacer mi vida.

Pero un dolor punzante llegó a mi pecho en seguida que deseé eso. Había logrado demasiadas cosas en mi vida, aunque no habían sido como lo había planeado en mi adolescencia.

Tal vez si, sufrí mucho, ¿pero no valió la pena? Ahora tengo tres maravillosos incondicionales amigos y una hermosa niña. Y si no hubiera hecho todo exactamente como lo hice en mi adolescencia no estaría como estoy ahora.

Pero tal vez la vida sería igual teniendo a mi padre, con un hombre que acompañe a mamá por el resto de sus días. Saber que mamá no estará sola cuando Kelly se vaya a la universidad.

Aun sin abrir los ojos pregunté:

- Y... ¿cómo estaba?

Detestaba a mi padre, lo detestaba con cada fibra de mi cuerpo. Pero aún así continua siendo mi padre, el hombre que me abrazaba y arropaba todas las noches. Uno no puede borrar los recuerdos y suprimir sentimientos. Me preocupaba por mi padre y no me sentía avergonzada de ello.

- Más anciano de lo que recuerdo- susurró-, tal vez está un poco avejentado de más.

No quería abrir los ojos pero lo hice y al segundo los sentí húmedos. El miedo de llorar frente a él seguía allí. Era como llorar frente a quién trataba de hacerte llorar, no le quieres dar el placer de ver tu sufrimiento.

Aunque William, en este caso, no es el culpable de mi sufrimiento, me ha causado mucho daño a lo largo de mi vida, aunque creo que ninguno fue directamente intencional. De cualquier manera, no me podía mostrarme débil.

Entonces me di cuenta que los dos hombres que más amaba y creía que me querían, fueron los cuales más daño me causaron. ¿Cómo confiar, entonces, en los hombres?

- Hey- dijo al ver mis ojos cristalinos.

Me envolvió con sus fuertes brazos. No lo abracé pero tampoco me aparté. No estaba segura si estaba bien abrazarlo y tampoco sabía si estaba bien sentirme tan bien al hacerlo.

Pero siendo sincera conmigo misma, había extrañado tanto aquellos abrazos. Me sorprendí a mi misma cuando noté que su olor corporal era diferente, ahora olía a perfume costoso. Pero... ¿cómo es que recordaba su antiguo olor?

La primera lágrima callo durante aquel abrazo. De pronto, aquella sensación de no poder llorar junto a él desapareció. Comenzó a acariciar mi cabello suavemente. Se sentía bien, sus caricias de alguna manera me reconfortaron.

- Lo lamento, creía que debías saber- murmuró.

Envolví su cuerpo con mis brazos y me escondí en su pecho. Me sentí pequeña, como una niña, la misma niña enamorada de su mejor amigo sin oportunidad alguna.

Mi cuerpo comenzó a temblar, no sabía exactamente la causa. Podría ser por el abrazo de William o por el recuerdo del dolor que me causó mi padre. Hacía mucho que no sentía ninguna de las dos cosas, fue como volver el tiempo atrás.

- Tranquila Molly- murmuró sin detener de acariciar mi cabello-. No te diré nada más si es lo que quieres.

- Dime- exigí aun escondida en su pecho.

Demonios aquel perfume caro era realmente bueno. No era mejor ni peor que su antiguo olor, solamente diferente. Respiré hondo llenando mis pulmones de aquel aroma.

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