• Estaba inconsciente y parcialmente inmovilizada desde los pies hasta la cabeza, invadida por el frívolo dominio de aquella fastidiosa parálisis corporal que no daba tregua. En tanto que un fino hilo de sangre embadurnó la textura de mi ropa.

Todo a mi alrededor se obscureció súbitamente, tal y como si estuviese sepultada en las profundidades de un abismo infernal por donde el oxígeno era sólo una quimera.
Algunos extraños fulgores imaginarios comenzaron a parpadear dentro de mi cabeza, producto de aquel fortísimo golpe recibido por el puño endemoniado de Slenderman. ¡El maldito energúmeno que aún seguía vivo!.

Imprevistamente, la suave tonalidad de una voz femenina me sumergió en un piélago de esperanzas. Se trataba de mi valiente salvadora, ella era la única persona que podría rescatarme de las crueles garras de la muerte.

— ¡Hija mía!— gritó, cuando mi audición comenzó a extinguirse por causa de la incesante hemorragia que penetró hasta la Trompa de Eustaquio.

Acto seguido, una cantidad efervescente de caricias recorrieron entre mis mejillas, tratando a toda costa, de volverme a la vida, pues prácticamente yo estaba moribunda a tan sólo milímetros de cruzar el umbral al más allá.

— ¡Por el amor de Dios, Nicky, despierta!— continuó vociferando desesperada justo cuando mis sentidos reaccionaron lentamente.

Con una fuerza casi imperceptible logré retomar la movilidad de mi cuerpo para luego apartar mis párpados y volver a descubrir mis retinas. Fue en ese ínterin, cuando observé la silueta de Jane de cuclillas a mí, con el rostro enmascarado por una delgada capa de sangre coagulada y con los ojos sumamente irritados.

Ella solamente sonrió cuando se percató de que no había muerto.

—¡Nicky, cariño!— pegó un grito entusiasta para luego romper en llanto.

Por más que intenté articular mis palabras, éstas se volvieron un acto anodino, pues un gigantesco nudo en la garganta restringió el acceso a mi voz.

— Mamá...— dije inhalando una gran bocanada de oxígeno.

Jane se avalanzó contra mi pecho para luego rodearme en un cálido abrazo maternal.

— Hija mía, te quiero tanto. Nunca me perdonaré si te ocurriese algo malo— susurró dulcemente.

Nuevamente procuré entretejer algunas pocas palabras, pero desafortunadamente estaba muy débil como para poder entablar una conversación.

— También te quiero mamá. Por favor, no me dejes sol. Siento mucho temor a la muerte...— respondí con suma dificultad. Entretanto, un tsunami de sangre se anidó en mi esófago.

Nicky, hija mía, ten por seguro que jamás te dejaré sola. Sabes que daría mi propia vida por ti— dijo al besar mi frente —¡Pero ahora debemos huir lo más rápido posible antes que el monstruo vuelva a despertar!— añadió bastante atemorizada.

— ¿A despertar?— cuestioné — ¿Qué le has hecho?— pregunté un tanto aturdida.

Ella volteó su mirada esbozado por el miedo, para luego responder:

— Le desgarré uno de sus tentáculos— aseveró

— ¡¿Cómo?!— exclamé dubitativa.

Con un grácil movimiento, Jane se rebuscó entre los bolsillos de su pijama intentando extraer el cuerpo del delito.

— Con el filo de esta arma improvisada — concluyó, cuando me enseñó un ensangrentado trozo de vidrio.

Repentinamente y a lo lejos, se alcanzó a oír algunos gruñidos de lo que parecía ser un lobo o un coyote embravecido que se aproximaba con dirección a nosotras.

¡No cabía la menor duda de que se trataba de Slenderman!.

— ¡Malditas cucarachas!. Las exterminaré junto con mi  séquito de demonios!— nos amenazó. En tanto arrojó una carcajada espeluznante.

Seguidamente comenzó a recitar una extraña oración sepulcral implorando algún don infernal.

— ¡Oh, Lucifer. Príncipe del bajo astral, concededme el poder suficiente para derrotar a estas sabandijas, y en cambio yo te ofrezco sus almas para que puedas condenarlas al eterno calvario del inframundo!— proclamó excitado. Entretanto, un misterioso torbellino de fuego emergió desde las entrañas de la tierra e incendió todo a su paso.

Jane no pudo contener las lágrimas y se echó a llorar sin consuelo, definitivamente no teníamos escapatoria. Slenderman se había vuelto indestructible gracias a las fuerzas del mal otorgadas por el mismísimo Príncipe del caos.

Todo estaba perdido.
Nuestra esperanza se había extinguido y la única alternativa que nos quedaba era sin duda la muerte.

— Jeffrey... Te amé a pesar de tu oscuridad. Te amé sin importar que me arrastrarías al propio Averno. Te amé con odio y rencor, pero te perdoné y con  con cada latido de mi empobrecido corazón continúe luchando contra todo para poder estar juntos de nuevo, pero desgraciadamente, ha llegado mi fin. Quizás nos volveremos a encontrar en el más allá, o tal no... — dije en mis adentros. Al propio segundo, una lágrima de tristeza se escabulló entre mis párpados.

Jane me acurrucó fuertemente contra su pecho, resignada a fallecer entre sus brazos.

Te amo, hija mía —concluyó. Cuando nuestros ojos se habían cerrado en perfecta sincronización.

De pronto, un poderoso temblor sumamente destructivo provocó el agrietamiento del suelo por el cual, comenzaron a emerger una exorbitante cantidad de escorpiones negros dispuestos a consumir nuestros cadáveres.

Todo estaba por acabar.
Mi vida siempre fue un océano de mierda, pero a pesar de todo lo malo, tuve la bella oportunidad de hallar el cariño inmenso de una madre en Jane, y la de un amor enfermo, pero sincero. Un amor tétrico dentro de una pesadilla. Un amor doloroso llamado Jeffrey.

Jeff, mi peor pesadilla©¡Lee esta historia GRATIS!