02. Reglas

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Abrí mis ojos lentamente, estaba en una habitación completamente blanca.

Traté de levantarme, pero fue imposible.

Estaba atada a una silla.

Mi padre entró a la habitación con las manos en los bolsillos de su traje, luciendo asustado y nervioso.

Aún estoy confundida, ¿Por qué papá me inyectaría eso en el brazo?

—¿Papá?

—Te quedaras aquí.

—¿Qué?

—Tienes poderes, eres un peligro para todos, para mí.

—Papá...

—Es hora de la verdad. Naciste con poderes, pero estuvieron apagados por un largo tiempo. Cuando tus poderes se activaron el radar recibió las ondas. No puedes estar en casa.

—¿Ahora me cuentas esto?

Estoy confundida.

Me mintió por años.

—Hay más —dice—cuando tus poderes se activaron los de los demás también, una especie de cadena.

Significa que hay más personas como yo.

Lo mire perpleja.

—Aquí te entrenaran.

—No me puedes dejar aquí.

—Eres un monstruo, no mi hija.

De media vuelta y sale de la habitación.

Un chico se acerca a mí.

Grité al ver inyección en su mano.

—No. ¡No! ¡Papá! ¡Ayúdame! — Grité — ¡No me toquen! ¡No!

Dos hombres más se acercaron y me agarraron de ambos brazos mientras en otro me inyectó el líquido para dormir.

—¡No...! —murmure antes de cerrar mis ojos.

                                                                        ⚡

Tallé mis ojos suavemente mientras me sentaba en el sillón.

Tengo que aceptar la realidad, estaré aquí. No me sirve de nada llorar y lamentarme, al menos no por ahora.

Note a varios chicos sentados a mí alrededor con su mirada fija en mí.

—Soy Sarah —la castaña me tendió la mano.

Acepte su mano, sonriendo.

—Alex, mucho gusto.

El castaño hace una reverencia.

—Alisson — murmuró por lo bajo la rubia.

—Ivy — dije.

Luego los demás se presentaron: Dylan, Harry, Brad, Jenna y Eva.

Alex se ofreció a darme un pequeño tour por el lugar.

Subimos las escaleras y entramos a una gran habitación donde estaban aproximadamente diez camas.

—Este será tu closet —señala el mueble que está enfrente de la cama — Tu cama esta entre Sarah y Adam, te advierto que puedes llegar a creer que es una piedra.

Rio.

—¿Adam? — pregunté.

—Sí, él está en el borde de la piscina. Es muy... ¿callado? Si.

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