Capítulo Diecisiete

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Jueves por la noche

El mar estaba tranquilo, al igual que yo al lado de Carlos. Íbamos paseando dados de la mano mientras yo apoyaba mi cabeza en su hombro. Sin tacones me quedaba un poco bajita al lado de él.

-Me encanta este sitio. Cada lugar, y sobre todo una persona-comenté.

-Oh Paula, gracias-se inclinó para darme un beso.

-¡Alto vaquero!-le paré con la mano-¿Pensabas que me refería a ti?-se quedó con una cara de pasmado-Me refería a Mikel, el hombre que trabaja en la cafetería. Además, tiene un sobrino que no está nada mal, y encima me regala bollitos. ¿A ti no te regala ninguno?

-Pues no. Pero si ese tiene más físico que cerebro, solo quiere un rollito contigo, nada más. No caigas en sus redes Paula, ten cuidado con ese chico.

-¿Te das cuenta de que te acabas de inventar a un chico? Mikel tiene una sobrina, no un sobrino.

-Sí, admito que me lo he inventado. No sabia de quién me hablabas pero, por precaución, te hablo mal de él. No quiero que te fijes en otros chicos. Soy muy inseguro y un poquito celoso, pero no el típico que controla tu vida. Solo quiero seguir contigo y que si termina nuestra relación que no sea porque me engañes con otro chico, porque ya me ha pasado y ha sido una experiencia que no quiero volver a sentir.

-Dame un abrazo.

Noté que Carlos se estaba riendo.

-¿De qué te ríes?-pregunté.

-De esto.

Me cogió en sus brazos y se dirigió al mar. ¡¡No!! ¡Al mar no!

Se metió al mar y Carlos se estaba empapando. Yo era la siguiente.

Permanecí en sus brazos pero me metió en el agua.

Salimos. ¿A quién se le podía ocurrir esa idea?

-Esto sí que es diversión-dijo Carlos.

-Sí, no me he divertido tanto desde... No sé-dije con ironía.

-Tienes que disfrutar más de la vida. No seas la bibliotecaria de un instituto.

-¿Perdona? Mi vestido mojado, mi pelo estropeado, mis...

-Baila conmigo.

-¿Qué? ¿A qué viene eso?

-Tú solo baila.

-No hay música.

-Siempre hay música en nuestra cabeza. ¡Tú, pásatelo bien!

Empezamos a bailar. Parecíamos unos locos, pero nos daba igual. Estabamos como en una burbuja.

-¡¡¡Quiero a Paula Hernández!!!-gritó Carlos.

-Jajajaja. ¡¡¡Quiero a Carlos Martínez!!!-contesté yo.

Carlos cogió su cámara y nos fuimos hacia el hotel. Seguro que despertamos a todo el vecindario...

Llegamos a mi puerta a medianoche.

-Espero que hayas disfrutado esta noche.

-Contigo, eso está asegurado. Dos días ¿eh? Solo nos quedan dos días y yo no quiero...

-Vive el presente. El futuro llegará, no te adelantes-me interrumpió.

-Vale.

Nos dimos un beso y nos despedimos. Estaba ansiosa por saber el plan del día siguiente.

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