El rencor después de la muerte

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Recuerdo que luego de aquel momento no sentí dolor, no percibía nada más que un enorme pesar sobre mí, nada más pasó...

Perdón, me corrijo, quise decir que nada interesante me sucedió hasta que por fin lo más esperado, aunque no sabía qué tanto lo anhelaba, sucedió...

-Me dedico a la colección de mariposas desde hace algunos años, pequeña. Viajé y me aventuré por muchos lugares, he visto de todos los tamaños y colores, verás algunos raros especímenes por ahí. La gente dice un montón de cosas ¿Sabes? "¿¡No son preciosos los colores de sus alas!? ¿Por qué te gusta enmarcar bichos muertos? ¡Pobrecitas...!". Sinceramente me da igual. No comparto lo que dicen... ¿Cómo que quiénes? ¡La gente, Emma, la gente! Perdóname si me altera, es que... Sí, quizás no me da del todo igual lo que se comente por ahí. Pero tú escuchas. Eres la única que me presta su atención.-

Tenías un extraño pero medianamente sano hobby. Yo estaba a salvo. No sé qué te hizo cambiar de repente, de atrapar, cazar, coleccionar mariposas a... O quizás siempre fuiste así, y yo sólo supe lo poco que veía de ti. Aunque, en el fondo sabía que era sólo una imagen que querías demostrar al resto, creo que las mariposas no eran tu interés.

-¡Es tan entretenido su aleteo! Cuando las inmortalizo en un marco siento que aún vuelan, vuelan libres en mis recuerdos... ¡Ahí va, Emma! ¡Es libre! O más bien, solía serlo... Ahora sólo lo es en mi memoria, como lo próximo que logre cazar. Talvez deje desfallecer tu cuerpo por causa de mi entretenimiento, débil y pequeña... mariposa... ¡Pero tú, aún vives! ¡Y por mucho más tiempo, tal honor te otorgo, el tiempo de la vida de un humano al extender el tiempo de tu insignificante finitud de esta singular manera!-

Esos insectos no eran afortunados... Está claro. Tú tampoco resultaste afortunada en comparación con aquellos, y conmigo. Igual...

-Los insectos, incluidas las mariposas, Emma, son demasiado irrelevantes, insignificantes, ya sabes...-

...ya eras desdichada cuando te conocí en aquel parque. No es por frialdad que lo digo, simplemente lo eras. Con sólo verte la gente lo sabía y evitaba contacto, yo también percibía cierta extrañeza de ti pero aun así te dirigí la palabra, siendo tan joven. Pobrecita... Ni siquiera tú tuviste la idea de atrapar mariposas, tu pobre gata, cazando una alada por hambre, te dio una idea tan adecuada y entretenida, allí, en medio de tu mísera soledad...

-No siempre cacé y enmarqué variedades de mariposas...-

Lo que te llevó a un final tan perfecto; patético y trágico... para ti. Sola, sin familia ni gente cercana ¡Maldita mujer!

-Y no lo haré siempre... Tengo un nuevo pasatiempo en mente, mi pequeña conocida, primera y futura víctima.-

Fue un corte muy hiriente, uniforme, asesino, ¡limpio! Tras la terrible impotencia que sentí. Y luego caería sobre ti una justa venganza que yo no cumplí.

-¿Qué opinas sobre cazar...

¡Y cuando recordaba tus palabras, con un odio interno gritaba...! ¡Que definitivamente...

-... Niños?-

... NO! ¡No! Fue entonces que decidí no irme de esa espantosa casa. Porque sencillamente no podía, no podía porque no quería... Me quedé más tiempo del necesario.

-No te preguntaré si quieres... porque... ya eres parte. Y tienes el halago de ser la primera en colaborar, en recibir un honor tal para ti.-

Ese horrible lugar. Repulsivo... Repulsivas aquellas mariposas tan coloridas que con tanto entusiasmo admiré por horas, ahora eran completamente espantosas, se volvieron terroríficas tras echarles una distinguida y última mirada luego de tu revelación, de un momento a otro, de una palabra a otra; allí fue cuando todo perdió su color, y tus palabras resonaron drásticamente en mi débil mente. Aquellas pequeñas bellezas multicolor eran las maravillas que tanto me fascinaban y que me atrajeron a tu maldita casa, la cual recorrí con mis aterrados ojos por última vez con un inmenso desespero, antes de padecer rápidamente. Y... allí... me quedé. Sólo para ver tu fin.

¡Oh, y bien que la venganza me satisfizo! Tú estabas un día como cualquier otro, muy entretenida con la compañía de tu gata y la de tus bichos. Tus ojos reflejaban una impenetrable quietud y concentración cuando...

-¿Qué opinas Lulú? ¡Ya deja de alimentarte de mis ejemplares! No puedo entender qué les ves, o qué percibes, de alguna manera, lo apetitoso de éstas para masticar y saborearlas tan alegremente...-

¡Recuerdo que hablabas sólo y sobre todo con tu maldita gata! Valió la pena. Valió cada segundo invertido allí, donde me quedé esperando y viéndote y sin pasar a una mejor vida. Ver cómo...

-¡Haces que se me antojen darles una probadita!Hm... Veamos qué tal sabe este hermoso ejemplar africano.-

...te ahogabas. Sofocarse hasta la asfixia, ¿"el dolor es genial"? Te enfrentabas con el más odiado de mis pesares; las mariposas.

-¡Su sabor es horrible...! ¡Tra-taré de traga-garla por primera y última vez!

Y lo intentaste, trataste de engullirla torpemente... Y es curioso que tus últimas palabras fueran hacia tu gata, ¿o las pronunciaste como si alguien pudiera ver tu completa desgracia?

Caminaste tambaleándote hacia la calle, y tus mejillas color carne, rosadas por excelencia, precipitadamente cambiaron a un color azulado... Por un instante envidié tu condición humana, recordándome que a pesar de tus acciones lo eras; una humana, con un cuerpo real... Fue el único, aunque breve, momento en que te envidié con toda tu miseria. Ese cambio tan repentino de tu rostro que presenciaba mientras te seguía una vez más a tu paso tan lento hacia la calle, hacia tu perdición, porque yo siempre te seguía con mi triste ingenuidad cuando aun vivía, me recordaron a los brillantes colores de las mariposas...

Te arrodillaste sin más en plena vereda apenas lograste salir de tu cueva, roedora... ¿Quizás me estabas pidiendo perdón, arrepentida? Recuerdo que echaste una última mirada al cielo... Y se acabó. Se acabó tu color, se acabó tu visión, tu percepción del mundo, se acabaron tus movimientos, todo... Tal y como me pasó cuando me tocó vivirlo, o más bien, sentirlo... Porque cuando te mueres, crudo pero cierto, no estás viviendo... Claramente era el momento más esperado por mí.

¡Ay! Fue más hermoso que ver a una mariposa revolotear por el aire y descender... Eso hiciste, descendiste, porque no te veo en este sitio. Tan idéntico me resultó de ser tras comparar tu perdición con el espectáculo de una mariposa, pero lo tuyo fue mucho más significante para mí... ¡Y eso que hace tantos años ya que yo consideraba las mariposas lo más hermoso y significante en mi vida! Cuando solía tener una. Digo, tener vida, claro...

¡Ah, qué alivio recorrió mi ser, porque eso es lo único que era, un ser; un ser indefinido! ¡Incluso me sentí tan libre y liviana, tan liviana...! Fue cuando noté que comencé a levitar, y rápidamente me elevé muy alto en el aire... y seguí... hasta alejarme de todo... ¡Pero realmente de todo! La alegría me movía, sentí que libraba un enorme peso de encima. El piso me era muy lejano ya, la calle, tu maldita casa, tu cuerpo yacido sin vida también y aquella vida tan corta, pero de carne y hueso... ¡Ni hablar!

Antología de Cuentos: IlusiónWhere stories live. Discover now