Nadie está a salvo...

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Hay que matar a alguien de vez en cuando, piensa él mientras se lava las manos en el lavabo teñido de rojo sangre. Se mueve con la calma del que está seguro de estar a salvo. Nadie tocará la puerta, no hay testigos ni descuidos que puedan delatarle en un futuro. No ha sido un impulso, él lo ha planeado todo desde hace un par de semanas. Cada cierto tiempo sucede que su necesidad de muerte no lo deja dormir. Tiene que matar. Se debe aportar cualquier ayuda posible al mundo. Él, como solo un hombre y nada más, no puede llevar a cabo grandes masacres, no posee medios o temple para asesinatos masivos. Sin embargo, esto es sencillo y útil. Además de divertido. Ese poder que embarga el alma cuando la vida abandona los ojos de la víctima, esa que sabe que "tú" le has condenado. No Dios, no un destino accidentado, sino "tú", "él"; uno más, alguien anónimo que bien podría haber escogido dejarte ir y en lugar de ello te ha cortado la garganta.

Una omnipotencia adictiva.

Sin preocuparse por perdón alguno, él se retira acompañado de un total silencio. La noche se traga el horror que esa puerta, escogida al azar, esconde a plena vista.

Nadie está a salvo©️Where stories live. Discover now