3.- Pilar

136 19 8
                                                  

Pilar sabía que, en el fondo, tendría que estar contenta. Era lo que quería: tener tiempo para hablar sin que los horarios demenciales de trabajo se interpusieran, intentar recuperar todo lo que habían perdido antes de que Z, como había decidido llamar a la zorra del primero, destrozara sus vidas. Pero el confinamiento, con los niños bullendo de actividad, estaba limando su resistencia. Y la de Andrés.

Ahora él estaba hablando con sus padres por videoconferencia y su suegra preguntaba que dónde estaba ella.

—Voy a sacar a Cooper —gritó—. Dales un beso de mi parte.

Ni loca le dejaba ver a la perspicaz madre de Andrés las ojeras que tenía. Se colocó la mascarilla, los guantes y el abrigo, que le quedaba cada vez más grande. Había perdido mucho peso porque la tristeza le anudaba el estómago.

Cooper permanecía estoicamente sentado al lado de la puerta, justo debajo de donde se colgaba su correa, como si supiera que los tiempos no eran normales y que su vejiga también debía adaptarse al encierro.

—Pobrecito —Pilar le acarició justo detrás de las orejas. El perro cerró los ojos, con deleite, y meneó el rabo—, me he olvidado de ti. Vamos.

Se alegró de salir al aire nocturno aunque solo fueran los cinco minutos necesarios para que Cooper hiciera sus necesidades. Llegaron al final de la calle donde había un parquecillo en el que el perro podía retozar y lo dejó suelto en el vallado mientras analizaba sus sentimientos.

Mañana por la tarde tendrían de nuevo una sesión online con el terapeuta de pareja. La primera había dejado en ella un poso amargo. El psicólogo les había pedido que le contaran lo que había pasado y Andrés se había echado a un lado, como si todo aquello no fuera con él.

—Tú lo cuentas mejor —dijo.

Qué cobarde. Tuvo que ser ella quien le relatara, humillada, al psicólogo que Andrés tenía una crisis de los treinta y tantos, que había estado coqueteando descaradamente con su vecina, que se había quedado paralizado cuando Z lo besó por primera vez pero que siguió adelante sin pensar que estaba casado y tenía dos hijos porque llevaba varias semanas deseándolo. Y que allí tendría que haber terminado todo, un desliz, un error, si él hubiera sido inteligente, pero no. Siguió. Durante un mes entero. Porque Z lo llamaba y le enviaba mensajes picantes y Andrés se sentía sexy por primera vez desde hacía mucho tiempo.

Pero, cuando su mujer, a raíz de los mensajes del teléfono, lo descubrió, se dio cuenta —aterrado— de que no quería irse con Z sino quedarse con Pilar. La idea de perderla por Z era ridícula para él. Porque Andrés no había pensado en las consecuencias de ser infiel, mentir había sido muy fácil, casi un juego. Enfrentarse a la realidad no lo era. Le rogó de rodillas a una Pilar destrozada por las lágrimas que lo perdonara. Y Pilar, que lo quería con toda su alma, procuró armarse de valor, contener el dolor que acompañaba cada uno de sus pasos e intentarlo. Por los niños. Porque llevaban juntos la tira. De perdidos al río.

Por eso lo de la terapia de pareja.

Al regresar al edificio, vio que la luz del piso de Z estaba encendida y un ardiente arrebato de celos le traspasó el estómago. «Calma, calma, calma», se dijo. «No vas a conseguir nada si dejas que el corazón domine. Ahora tienes que pensar cada paso o le darás a ella la victoria». Y no había nada que aterrorizara más a Pilar que pensar en sus dos hijos criados por Z.

Como había dicho el psicólogo, tenían que hablar y construir. Llevaban juntos más de catorce años, la vida de uno estaba tan entretejida con la del otro como los hilos de un tapiz, con una inmutable permanencia. No podía dejar que una putita barata lo destrozara. Sí, había un desgarrón en el tapiz ahora, pero con paciencia conseguirían repararlo. O eso esperaba. Esto no era un callejón sin salida, sino que recuperarían su relación de pareja y seguirían adelante.

Se secó las lágrimas con la manga del abrigo y, con la voz algo temblorosa, llamó a Cooper para volver a casa. 

El amor es una epidemiaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora