XXVI. De regreso a la noche

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No sé bien cuánto corro o cuántas puertas abro o cuántas escaleras subo ni cuántas personas me están buscando allá afuera. Lo único que sé es que de pronto, estoy al aire libre nuevamente. Estoy en la calle, con el cielo negro nocturno encima de mí. La noche me ilumina y otra vez estoy en el mundo real.

No hay nadie en las calles. Peor aun, no estoy en la calle Abastos.

Cuando me doy cuenta de esto, me da un ataque de ansiedad y tengo problemas para respirar por unos segundos. Miro en todas direcciones tratando de ubicarme. Estoy cerca, lo sé. Reconozco estos edificios. Debo de estar a un par de cuadras de la calle Abastos, pero no estoy dentro de sus límites, dentro del espacio que conozco.

Dentro de su protección. Los monstruos que hay ahí dentro son terribles, pero por lo menos son monstruos cuyas reglas conozco.

Además está el pequeño detalle de la reunión del Directorio. No tengo reloj o teléfono celular a la mano como para comprobar el tiempo, pero tengo la esperanza de que aun pueda llegar para explicar la situación. Evitar que los vampiros más importantes de la calle Abastos tomen decisiones desinformadas que después todos lamentaremos.

Busco en el cielo referentes que me puedan servir para guiarme. Algún rascacielos o alguna torre que reconozca. Por lo pronto, sé que en la calle Abastos no hay ningún edificio que sobresalga. Siempre ha sido una política del Grupo De la Cruz tratar de pasar desapercibido. Construir un edificio que llame la atención no va de la mano de esa política.

Muchas veces entre nosotros decimos que a los vampiros no les gusta llamar la atención, pero eso en realidad no es cierto. A los que no les gusta llamar la atención es a los humanos que vivimos de los vampiros. A los que estamos alrededor de ellos. Es a nosotros a los que no nos conviene exponernos. Los no muertos pueden cambiar de forma, acceder a sus fortunas e irse a otro lado a vivir con otro nombre. Nosotros los humanos somos los que pagamos las cuentas de los escándalos.

Por eso es adecuado que seamos humanos los que administremos su dinero. Si de ellos fuera, construirían un castillo en cada esquina. Con calabozos en los sótanos y gitanos atendiendo en la entrada.

De alguna manera logro identificar a lo lejos un edificio que sé que está en dirección del centro de la ciudad. Es la sede de un banco que era novedoso y bastante original. Las sedes de todos los demás bancos se parecen y son aburridas en el sentido de que se ven como diseñadas por el mismo arquitecto. Todas menos ésta.

Lamentablemente esto era demasiada personalidad para el banco en cuestión, que decidió tarrajear todo el exterior de su enorme edificio para instalarle exactamente los mismos vidrios que todos los demás bancos. Ahora es uno más del montón. Misión cumplida.

Me demoro unos quince minutos en llegar a una calle que sé que cruza la calle Abastos. Con un poco de suerte me tomará una media hora alcanzar la casa de William.

En mi maestría me decían que la suerte es la excusa de los incompetentes y la modestia de los hábiles. Esta noche necesito que suerte sea suerte. Han pasado demasiadas cosas. Demasiado está en juego y demasiado poco depende de mí. Es importante que pueda llegar a la casa de William y hablar con le directorio. Ganarlos para que me apoyen en lo que sea que el Piojo tenía planeado para esta noche.

Dejo de caminar y me apoyo en un poste por un momento. ¿Es eso lo que quiero? ¿Es esto lo que me conviene? ¿Quiero aportar a un plan para supuestamente eliminar a los vampiros de esta ciudad? Si conociera el plan completo, quizás podría considerarlo. Pero me han negado hasta el cansancio la información. No me queda otra opción que ponerme del bando de William y sus monstruos.

Avanzo un poco y de pronto caigo en cuenta de que no tuve oportunidad de llamar a mi esposa. Ni siquiera sé si está bien. En este momento debe de haber un caos en la calle Abastos. Murphy debe de estar tratando de mantener las cosas en orden, pero Alicia tiene que haber sido notificada que algo está pasando.

Los vampiros de la calle AbastosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora