Año nuevo

2 0 0
                                                  

No sentía frío alguno a pesar de la ligereza de mi ropa. No tenía queja alguna de mi vida: Un bar vacío, un pueblo tranquilo, un padre amantísimo con su linda hijita que ya había comenzado a desplegar sus alas que animaba ese abandonado pueblo...

—¡Anda! ¡Un Lobo que no conozco! —y una sorpresa.

—Es Loba —corregí mientras apuraba ese mejunje que tanto me gustaba—. Y, ya que estoy mostrando abiertamente mi máscara, ¿podrías hacerme el favor de mostrarme tú la tuya?

—Sólo la máscara, ¿eh? —la chica mostró una cara que, para mí, no necesitaba descripción porque, cada vez que cerraba los ojos al dormir, rememoraba los momentos que le había pedido que borrara de mi mente humana—. ¿Cómo te llamas?

Le serví un poco de ese líquido negro y me tomé mi tiempo para responder.

—La verdad, no tengo nombre —tomé un sorbo de mi negro bebedizo y medité unos segundos—. Hefinisna Prima Persona. ¿Te parece bien?

—Lo has elegido tú y yo no soy quien para cambiártelo —su sonrisa jocosa no había cambiado. Estaba segura de que seguía dando órdenes a los demás Lobos de su orden con todo su genio a pesar de que no tenía el carácter necesario para mandar—. ¿Podría hacerte una pregunta?

—A ver...

—En la casona de ese promontorio, ¿no vive nadie?

—Vivía, pero ya no... — apuré mi vaso—. Murió hace más de un mes —la chica de la cara negra y escarlata soltó un grito ahogado—. Tal es la condición de las personas normales, ya lo sabes: Mueren por cualquier cosa, ya sea un golpe en un mal lugar, por su propia voluntad... o por ambas cosas.

—Sí... ya lo sabía... — su cara, antes alegre, se tornó de una tristeza insondable—. Por una vez que conocía a una persona interesante...

—¿Te pasa algo? —pregunta inútil: Ya me había apartado los ojos.

—No pasa nada —mentía: Se le estaba escapando una lágrima—. Una cosa por otra... no puede ser tan malo... —a las lágrimas le sucedió un lloro. Y al final, un sollozo que no quiso contener.

Nunca habría querido hacerla llorar pero, más aún, no deseaba que se interesara por mí por mi anterior vida. Si elegí ponerme la máscara blanca de la calavera era para ocultar todo mi ser, incluido todo mi pasado. Yo ya no era la Helena que había conocido Sofiriena. Mi nombre era Hefinisna.

Y en mi nueva existencia, haría algo para tranquilizar y agradar a esa jovencita y siempre novata Loba.

Ya no tenía otra cosa más que hacer, al fin y al cabo...

Hasta más leer

Las sombras del lagoWhere stories live. Discover now