Capítulo 25

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Luces de misterio.

Piotet, Alemania.
9 de Octubre, 2019.

Kahler Holbein✖

Conduje hasta la mansión de Ann, y las manos de Dagna seguían temblando. La vi de reojo un par de veces, ella realmente logró ser mi luz roja, no podía dejar de pensar en la actitud que tuvo al ver el rostro de Haiol. Era como si un alma muerta tuviera posesión en ella. Intenté tranquilizarla con algo de música clásica, un poco de Mozart quizá le brindaría algo de paz.

Ay, parecía que no.

¡Y yo cómo odiaba perder!

—Ni una pieza de Mozart te pone tranquila — le dije molesto.

—¿Y te enojas porque tú música no me hace bien? — me reclamó vacilante.

— Si — apagué la música enfadado y arrugué la frente.

Dagna rió. Realmente lo hizo, tenía una risa irritante que me hizo negar con la cabeza y sonreír. Después de quince minutos, al fin estábamos en la nueva casa de mi amigo Ann Urie, por supuesto que convencí a la chica para que fuera a despejar su mente un poco, Dagna se rehusaba a ir conmigo, pero vamos, no pudo resistirse a mi cara de tonto que suplicaba compañía cuando en realidad tenía hasta de sobra.

—Mozart no funcionó — me incliné un poco hacia ella para quitarle el cinturón de seguridad.

Oh, Dagna, te sentiste incómoda demasiado pronto. Apartaste tú rostro al sentir mi respiración lo demasiado cerca de la tuya.

Éramos un perfecto desastre ahí dentro.

— Estoy bien, sólo me afecta procesar información — claro que no le creí, algo más estaba dando vueltas en esa cabeza despeinada.

Me di la vuelta y busqué la caja color café que descansaba en los asientos traseros.

—Espero que esta pieza de pan ayude —  abrí su boca con fuerza y metí la joyita azucarada —. Ya que Mozart me falló.

Dagna tosió, yo me reía al observarla.

—¡Kahleeeer! — me vio furiosa al quitar el pan de su boca —. Casi me ahogo por tu culpa

—Hace rato casi asesinas mi libro — le recordé con simpleza.

—Ohhh, es un elote — rió al partirlo a la mitad, se comió un pedazo y el otro me lo aventó en la cara —. Gracias, está muy sabroso.

Sí, porque yo los hice tonta.

— Quiero que te diviertas y seas la chica que bailó conmigo aquella noche y terminó vomitándome en la cara.

— Dijiste que investigaríamos más sobre la relación que tiene mi mamá y tú papá.

— Lo sé — eché mi cabeza hacia atrás, suspirando —, pero esta noche sólo quiero ser un chico con problemas de popularidad.

Dagna se rió conmigo.

— ¿Armadura de defensa?

—Claro que no, sé lo que soy y amo todas mis versiones, pero la más simple hace menos complicada mi vida.

— Odio que creas que eres el amo de un tonto juego que ni existe.

— Eres muy molesta — le saqué la lengua y la miré fijamente.

Dagna se sonrojó a una velocidad increíble. Detuve mi vista en ese crop top blanco que le quedaba maravilloso, me gustaba que el cabello estuviera sobre sus hombros, hacía que quisiera abrazarla. Las señales eran obvias, esa chica simple era una flor salvaje.

Estación Holbein © [Completa ✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora