Nacido en el cielo

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Daría cualquier cosa por calmar tu pesar y ese anhelo incrustado que está acabando contigo. Me rompe el alma verte así, encerrada en ti misma, oculta bajo tus cortinas de lágrimas.

Cómo me gustaría poder decirte que estoy bien, que no te preocupes ni llores más por mí y continúes con tu vida, que aún tienes mucho que ofrecer y hay quienes están esperando recibir de ti.

Ojalá fueses capaz de entender alguna de las señales que te envío. Cuando te alcanza un rayo de sol entre las rendijas de las persianas, cuando los pájaros gorjean tras las ventanas, cuando la luna te parece sonreír. Todo esto lo mando expresamente para ti, para intentar reactivar tu corazón de nuevo. Si en el agua crees ver mi sonrisa y en ese momento esbozas la tuya propia, no estás soñando, estoy realmente allí.

Han pasado ya 6 meses y, aun siendo menos tiempo del que estuvimos juntos, debes sobreponerte pues hay más personas aguardando por tus caricias, tus besos, tus abrazos. Siempre quedará en el recuerdo el tiempo que pasamos juntos, el amor que me demostraste, tus susurros, la dulce melodía de tu voz.

No te culpes por lo que pasó, tú no pudiste hacer nada más de lo que hiciste. Los accidentes, la naturaleza y el dichoso destino son a veces caprichosos en sus decisiones. Y, en esta ocasión, el dictamen que otorgaron para mí fue que mi corazón dejase de latir antes siquiera de exigir respirar.

Tienes que ser fuerte para seguir adelante y ayudar a papá a cuidar de vuestros hijos, esos hermanos que no llegaron a conocerme pero que yo los quiero como tales y a los que recuerdo posando sus cabezas sobre tu vientre para escuchar mi saludo dirigido mediante pequeños movimientos de piernas.

Cómo me gustaría tranquilizarte para que día tras día dejes de culparte, de preguntarte si te quería y si ahora estaré en el cielo. Mamá, te quería, te quiero y siempre te querré; y mamá, yo ya nací en el cielo.

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