1: Enfermedad.

185K 10.9K 8.8K


Esperaba a mi hermana con la canasta en sus manos y su típica sonrisa, capaz de alegrar a cualquiera que cruzara por su camino. Pero ella no salía de su cuarto y eso me preocupaba. Ya estaba más de una hora encerrada en su cuarto, a pesar de ser una chica y arreglarse como todas lo hacen y demorarse en ello, estaba tardando más de lo necesario, si ella no sale en unos minutos se le hará tarde para ir a dejar la canasta.

La abuela vivía en el bosque, nosotros la amábamos pero ella se enfermó y por mandato de nuestra madre debía ir ella a dejar la canasta con diferentes tipos de cosas como: verduras, frutas, vino y flores para decorar los floreros de su casa y alegrarla por aquel gesto.

Cuando ya mi paciencia se había acabado decidí entrar a su cuarto pero ella estaba acostada con un pequeño pañuelo —que de seguro estaba húmedo— y ella tosía de vez en cuando, cuando giró su cabeza para verme hizo una mueca de dolor y con sus manos tocando su cabeza soltando leves quejidos. Rápidamente puso una de sus manos en su boca haciendo gestos de querer vomitar pero al parecer lo reprimió ya que no lo hizo.

Mi madre entró con una cubeta en sus manos y agua, al verme hizo un gesto de que saliera de la habitación mientras ella dejaba la cubeta y cambiaba el pañuelo. Salí y esperé hasta que ella saliera y me mirara con cansancio.

—Debes ir tú a dejar la canasta. Tu hermana no está bien, tiene fiebre, náuseas y mareos. Sin mencionar que le duele demasiado la cabeza. —Dijo.

—No quiero ir...—Respondí con desgano, a lo mejor si mi hermana está hoy en cama ella podría ir a dejarla mañana.

—No te lo estaba pidiendo, te estoy mandando. —Dijo con voz autoritaria.

Hice un sonido de desagrado y me fui a mi cuarto abalanzándome en la cama maldiciendo mentalmente al dios de la enfermedad y porque yo debía sufrir las consecuencias.

Además de ser mellizos debía cumplir su trabajo, vaya suerte. Pero tampoco era tan frio y desalmado para abandonar a mi pobre y anciana abuela.

Cerré los ojos para mentalizarme que yo debía hacer el viaje por mi hermana.

»Tienes un gran parecido con tu hermana. De seguro que si te dejas crecer el cabello podrías ser una chica sin ningún problema. « Abrí los ojos golpeando mi cabeza contra la mullida cama.

—No soy una maldita chica, soy un hombre. —Decía mientras aun torturaba mi cabeza contra la cama.

Odiaba tener tanto parecido con mi hermana, ella era bonita y de cabellos levemente rizados y rubios. Una sonrisa perfecta y una encantadora personalidad o eso decían todos y yo era el comparado, recibir miles de comentarios de lo parecidos que somos o que podría ser una chica si quisiera me molestaban. Hasta algunas veces nos confundieron.

Después de tanto quejarme y odiar el parecido entre nosotros pude quedarme dormido. Una larga y placentera noche entre las sabanas y las almohadas, si larga y placentera significaba no dormir en toda la noche.

A la mañana siguiente, me levanté sin preocuparme de sacarme el pijama saliendo de mi cuarto con mis cabellos rubios desordenados, mi madre estaba en la cocina y ya tenía la canasta preparada.

Hice levemente quejidos, tosidos y tocaba mi frente. Simulé respirar agitadamente y con una voz sutil dije: —Creo que mi hermana me contagio. —Tosí falsamente.

—No te hagas el enfermo y vístete. Ya debes irte si no quieres regresar después de que anochezca. —Me dijo viendo a través de mi mentira.

Solté un leve tch y camine hasta mi habitación y al llegar me vestí con una ropa similar a la que mi hermana usaba y su típica caperuza roja. Mis padres eran tan originales que nos compraban la misma ropa. Al salir de mi habitación estaba esperando mi madre con la canasta en sus manos que tenía un lazo en ella. Me acerqué a ella y me la entrego dándome las recomendaciones que le daba usualmente a mi hermana.

—Recuerda que no tienes que desconcentrarte, y no debes ir a otros lugares que no sea la casa de tu abuela. Además no olvides que es para ella y no importa quien la pida, solo debes dársela a ella. —Dijo acariciando mi cabello.

—Si, mamá. —Dije con desgano y una cara de molestia, no soy un niño pequeño que al primero que vea le entregare la canasta. Ni tampoco me iré a lalalandia que me parecería más divertido que caminar por el bosque, o tal vez si lo haría pero lalalandia no existe.

—Toma—Me entregó un pequeño cuchillo con un mango negro, se veía recién afilado. Hice una expresión de sorpresa. Ella me había pasado una navaja, ni siquiera sabía que eso había en la casa. Un segundo, ¿También se la dará a mi hermana?—Utilízalo sólo en caso de emergencia, ni siquiera se te ocurra jugar con ella. —Me advirtió.

—Wow—Dije sin querer, que podría hacer con una navaja. ¿Y si pongo mis iniciales en un árbol? Espera, no tengo pareja para hacerlo. ¿Y si me hago bandido y atraco gente con la navaja? Mi cara y mi fuerza no me ayudarían. Supongo que le hace caso a mi madre. —¿Siempre le das una navaja a mi hermana?

—Ni creas que es un viaje fácil—me dijo soltando un bufido.

—¿Que tan complicado es?—Pregunté con miedo, si me daba algo así era porque debía ser muy complicado. Una mala señal. Ya estaba asustándome el viaje y lo que podría encontrar en el bosque.

—Es mejor que no lo sepas—. Aquello hizo que mi corazón se parara un segundo. Si no quería contármelo era peor. Me hice el desentendido.

—¿Qué? ¿Cómo? Perdón no escuché que dijiste. —Fingí ignorancia.

—Nada importante, Alexander. Bueno, ya vete. Ten buen viaje y suerte—Dijo sacándome de la casa a empujones. Yo no entendía porque tanto el apuro, pero si podría entender algo, mi hermana lo pagaría caro por hacerme ir yo en vez de ella.


Capitulo uno: ✅

Espero que les haya gustado mi editación, claro que si no les gusto, dejaré el texto original de Inaka, me esmeré en hacerlo de nuevo.

No olviden ver mi cuenta.

iFluffyMarry

Si era un momento de spam xD 

Si les gustó como escribí, pronto en aquella cuenta publicaré una historia mía. Aunque editando esto y el colegio no me sobra mucho tiempo pero espero pronto publicarla. 

「Caperucita Roja 」⇢ Versión Yaoi ⇠¡Lee esta historia GRATIS!