8 días para enderezar tu vida

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Se sentía cansado, la noche había sido larga y a pesar de que al menos la segunda parte de la misma no había estado nada mal, sentía que sería un día largo y molesto.

El ruido de la regadera despertaría a María Luisa en cualquier momento y en caso de que quisiera preguntar en dónde había estado el resto de la noche, diría que había ido a visitar a un amigo, ya estaba todo calculado. ¿Quién podría culparlo por la clase de vida que llevaba?

Pensó en apresurarse en la ducha, tal vez así podría salir antes de que ella tuviera la oportunidad de decir algo. Derramó un poco de shampoo sobre la palma de su mano y se dispuso a masajear su cuero cabelludo cuando se percató de una discusión que tenía lugar en el exterior, el eco en el baño y el sonido del agua cayendo sobre su piel le impedía entender de qué iba todo el escándalo; se apuró a terminar, pero no porque quisiera ir a aclarar aquella discusión sino porque buscaba aprovechar el momento para abandonar la casa sin tener que dar explicaciones. Frotó su cabello con la toalla para secarlo y se apresuró a secar su cuerpo y vestirse.

En el pasillo María Luisa discutía con Roberto:

-...No tienes ningún derecho a contestarme de esa manera- se quejaba María Luisa ante un indiferente Roberto.

Ricardo apretó el paso buscando no ser percibido por su mujer aunque no tuvo éxito.

-¡Ricardo!- escuchó la voz de María Luisa llamándolo casi a gritos- ¡Ricardo!- se plantó frente a sus ojos-, ¿no estás viendo que estoy hablando con Robertito?

-Debo irme, voy retrasado- dijo evadiendo la situación.

-¡Ricardo!, tu hijo no llega a dormir a la casa y, ¿te lavas las manos de ello?

-¡Ay mamá!- se quejó Roberto.

-Luego hablamos- agregó él cerrando la puerta principal.

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Ya era la séptima vez que tenía que dibujar a una persona, ¿hasta cuándo lo dejarían de tratar como a un niño?; ya había descargado los protocolos de evaluación y los manuales de las técnicas proyectivas que le aplicaban, en materia de pruebas psicológicas, ya había leído suficiente. Hasta le parecía un juego responderlas.

Colocarlo en el centro, cuidar las expresiones y los rasgos, pero no demasiado para no parecer un obsesivo, con hacerlo lucir "feliz" y proporcionado basta.

-¿Tú escribiste aquella nota Patricio?- cuestionó la psicóloga del colegio.

-¿Eso importa?- respondió el chico sin perder atención en el dibujo.

-Pero iba dirigida para ti, ¿no es cierto?

-¿Usted qué cree?

La mujer aguardó en silencio mientras observaba al muchacho, no tenía una actitud precisamente retadora, pero había algo de hostilidad en él.

-Yo creo que no la escribiste tú- dijo tras una pausa que sirvió para que Patricio finalizara su dibujo-. ¿Tienes novia?

Patricio permaneció en silencio.

-¿Te gusta alguien? A tu edad es muy común que a los chicos les guste alguien y no sepan cómo manejarlo.

Misma respuesta, "este chico es duro", pensó ella.

-En tu opinión Patricio... tú dirías que te gustan más las niñas o los niños.

"Ya salió el cobre", pensó él.

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El sonido del tránsito llegaba a través de las ventanas, ahora era miembro de la mesa directiva y no se sentía con ganas de celebrar; era lo que había buscado desde el inicio, desde que se casó con María Luisa Rivadeneyra y por lo que había aguantado hasta ahora todos los malos tratos de su familia y hasta que le impidieran darle su apellido a su hijo.

9 Días  ©Read this story for FREE!