XXIV. Un guardaespaldas inesperado

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"Entonces, eres un vampiro contratado para protegerme", le comento sin quitar la atención de la bisagra.

No es la primera vez que sucede, por supuesto. Ya he sabido de vampiros que son exiliados y deciden irse a otra ciudad a ponerse al servicio del mejor postor. No es algo que yo sugeriría, en todo caso.

Los vampiros son muy explosivos. Para un mercenario se necesita, por el contrario, a alguien confiable. Predecible hasta cierto punto. Ése es el sentido de un buen proveedor. Yo quiero contratar a alguien sabiendo el servicio que recibiré. Con los vampiros eso es difícil. Hay demasiadas variables desconocidas en juego.

"¿No me vas a preguntar quién me contrató?", escucho su voz detrás de mí.

Clásico vampiro. No puede esperar revelarme hasta el último detalle.

"No", le respondo. Y logro sacar el eje de la primera bisagra. Me quedan otras dos.

"¿En serio? Cualquiera diría que es importante que lo sepas"

"Sí, supongo. Pero en este momento no me interesa"

"Pero debería"

"Y aun así, no me interesa"

"No creo que le moleste que te lo cuente"

"Yo tampoco. Pero no me interesa"

Mendelson mantiene silencio por un momento.

"Fue Rebeca. Rebeca Oliva. Su proveedora de maquinaria", me suelta y se queda en silencio orgulloso. No entiendo bien por qué.

Rebeca Oliva era un nuevo jugador esta noche. Y yo que quería mantener todo en familia por el momento.

Uno de los primeros cambios que hice cuando asumí el control de la corporación fue agrupar proveedores. De esta manera, si queríamos comprar papel para las oficinas o lápices para las secretarias, no teníamos que pedir dos cotizaciones distintas a dos proveedores distintos. Ahora todos los útiles de oficina son proveídos por una sola empresa.

Rebeca Oliva gerencia una de estas empresas. Ellos nos proveen de todo lo que es maquinaria: Carros, camionetas, repuestos, etc. Esto es muchísimo más eficiente para nosotros. Se ahorra muchos costos. Ellos, a su vez, felices de poder tener un cliente tan grande como nosotros para varios productos, no solo uno.

Pues bien, Rebeca estudió administración en Japón, en donde tienen otra forma de ver algunas cosas. Y si uno habla con Rebeca por más de cinco minutos, ella lo dejará en claro. El modelo japonés es distinto. No es como en otros lados, en el que se busca la eficiencia a un nivel obsesivo. No, para nada. Ellos están apostando a un juego de más largo plazo.

Siempre nos ha contado cómo, por ejemplo, cuando su secretaria se enfermó tanto que no podía ir a trabajar, ella la mandó de vacaciones a un albergue de retiro para que se recuperara completamente. Todo pagado por su empresa.

De igual manera, se preocupa por sus proveedores. Y por sus clientes.

El Grupo De la Cruz es su principal cliente.

"¿Qué va a querer ella a cambio por tus servicios?", le pregunto.

"No lo sé. Eso lo vas a tener que hablar directamente con ella"

Lo cual, me imagino que no va a ser un problema. Rebeca se muere de ganas de mantener contacto continuo con nosotros. Hemos hablado de esto con otros gerentes de otras empresas a las que provee de maquinaria. En cierta medida creemos que ella se siente orgullosa de la empresa que inició su padre y que ella hizo crecer.

Por otro lado, también creemos a que se siente sola. Muy, muy sola. Mucho nos tememos que ella no tenga amigos.

"Cuando salgamos de aquí puedes ir de regreso a Rebeca a decirle que gracias, pero que no gracias", le digo mientras sigo trabajando en la segunda bisagra. "Éste es un asunto del Grupo De la Cruz. No me siento cómodo con la intervención de Oliva Motors"

Los vampiros de la calle AbastosWhere stories live. Discover now