Capitulo 16

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Los alumnos del seminario permanecieron sentados en el aula, súbitamente silenciosa, atónitos. La mayor parte de ellos no eran expertos en Dante y no tuvieron problema en aceptar el altercado como un debate entretenido, aunque algo aberrante. Todo el mundo sabía que los académicos se apasionaban mucho cuando discutían sobre su materia. Al parecer, algunos, como Harry o el profesor Riddle, eran más apasionados que el resto.

Se veía venir que el seminario de ese día iba a acabar en desastre. Aunque Ron había presenciado cosas peores durante el seminario de la profesora Singer sobre métodos de tortura medieval el semestre anterior. Un curso que había resultado ser más... práctico de lo que cabía esperar.

Cuando los estudiantes se convencieron de que el enfrentamiento se había acabado y de que no habría segundo asalto (ni palomitas), empezaron a marcharse. Los últimos en salir fueron Bellatrix, Ron y Harry.

Tras fulminar a Harry con la mirada, Bellatrix salió en busca de El Profesor como un patito detrás de su madre.

Ron cerró los ojos y gruñó.

—¿Tienes tendencias suicidas?

—¿Qué? — Harry parecía acabar de despertarse de un sueño.

—¿Por qué lo has provocado de esa manera? ¡Está buscando una excusa para librarse de ti!

El empezó a darse cuenta de la magnitud del lío en que se había metido. Era como si, durante la clase, se hubiera convertido en otra persona. Había soltado veneno y rabia por la boca sin acordarse de que no estaban solos. Y en esos momentos se sentía desinflado como un globo pinchado después de una fiesta de cumpleaños. Recogió sus cosas lentamente, preparándose para lo que sabía que iba a ser una conversación difícil y desagradable con El Profesor en su despacho.

—Me parece que no deberías ir —le dijo Ron.

—No quiero hacerlo.

—Pues no vayas. Envíale un correo electrónico. Dile que estás enfermo. Y que lo sientes.

Harry se lo planteó seriamente durante un momento. Era muy

tentador. Pero sabía que su única posibilidad de salvar su carrera académica pasaba por echarle... ovarios y aceptar el castigo que Tomas quisiera imponerle. Después ya se ocuparía de recoger los trocitos de su vida personal. Si era posible.

—Si no voy se enfurecerá aún más. Tal vez me expulse directamente. Necesito los créditos del seminario si quiero graduarme en mayo.

—En ese caso, te acompañaré. Es más, hablaré con él antes que tú —dijo Ron, enderezando la espalda y flexionando los brazos.

—No, tú tienes que mantenerte al margen. Iré, me disculparé y dejaré que me grite todo lo que quiera. Cuando hayamos saldado cuentas, tendrá que dejarme ir.

—«La compasión debe entregarse voluntariamente» —murmuró Ron, citando a Shakespeare, porque las palabras de Harry le recordaron a El mercader de Venecia—. Aunque El Profesor no sabe mucho de compasión. ¿Se puede saber a qué ha venido todo eso? Dante nunca tuvo una amante llamada Paulina.

Harry parpadeó varias veces.

—Leí un artículo sobre Pia de Tolomei. Paulina era uno de sus apodos.

—Pia de Tolomei no fue amante de Dante. Tienes razón en que se rumorea que tuvo varias, incluso hijos ilegítimos, pero me temo que, en esto, Riddle tiene razón. Nadie cree que Pia fuera amante de Dante. Nadie.

Harry se mordió el interior de la mejilla.

—Pero no me dejaba explicarme y me ha puesto nervioso. Al final, he explotado.

El Infierno de TomasWhere stories live. Discover now