Capitulo 14

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Tomas cerró los ojos, pero sólo un instante. Una sonrisa, dulce y lenta, apareció en su rostro. Su mirada se volvió suave y muy cálida.

—Me has encontrado.

Harry se mordió el interior de la mejilla para no echarse a llorar al oír su voz. Era la voz que recordaba. Llevaba mucho tiempo esperando volver a oírla. Llevaba muchos años esperando que él regresara a su vida.

—Beatriz. —Agarrándola de la muñeca, tiró de el. Se apartó un poco en la cama para hacerle sitio, rodeándolo con los brazos mientras Harry apoyaba la cabeza en su pecho—. Pensaba que te habías olvidado de mí.

—Nunca —contestó, sin poder contener las lágrimas por más tiempo—. He pensado en ti cada día.

—No llores. Me has encontrado.

Tomas cerró los ojos y volvió la cabeza. Su respiración empezaba a regulársele otra vez. Julia trató de quedarse quieta para no molestarlo con sus sollozos, pero el dolor y el alivio mezclados eran tan fuertes que no pudo evitar que la cama temblara un poco. Las lágrimas formaron dos riachuelos que descendían por sus mejillas y se unían sobre el pecho bronceado y tatuado de él.

Su Tomas lo había recordado. Su Tomas había regresado.

—Beatriz. —Le rodeó la cintura con un brazo y susurró en su pelo, todavía húmedo de la ducha—. No llores.

Y con los ojos cerrados, lo besó en la frente, una, dos, tres veces.

—Te he echado tanto de menos —murmuró Harry, con los labios pegados a su tatuaje.

—Me has encontrado —musitó Tomas—. Debí haberte esperado. Te quiero.

El se echó a llorar con desesperación, abrazándose a él como si se estuviera ahogando y fuera su tabla de salvación. Le besó el pecho con suavidad mientras le acariciaba el abdomen.

Como respuesta, los dedos de Tomas le acariciaron la piel erizada de los brazos antes de deslizarse bajo la camiseta. Tras recorrerle la espalda con delicadeza, se acomodaron en la parte baja de su espalda, donde permanecieron quietos cuando él regresó al país de los sueños con un suspiro.

—Te quiero, Tomas. Te quiero tanto que me duele —dijo Harry, apoyándole la mano sobre el corazón.

Y luego le susurró las palabras de Dante, algo cambiadas:

El amor se adueñó de mí durante tanto tiempo

que su señorío acabó por resultarme familiar.

Y aunque al principio me irritaba, aprendí a apreciarlo.

Lo guardo en mi corazón, que es donde mejor se guardan los secretos.

Y así, cuando me destroza la vida como nadie sabe hacerlo.

Y parece que no me quedan fuerzas para nada más.

Mi yo más profundo se siente libre de angustia,

liberado de todo mal.

Porque el amor hace brotar de mí tanto poder

que mis suspiros más que hablar, gritan.

Lastimeramente suplican

que mi Tomas me salude.

Cada vez que me abraza, todo es más dulce

de lo que las palabras pueden expresar.

El Infierno de TomasWhere stories live. Discover now