Capitulo 12

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El profesor Riddle vio que salía luz por debajo de la puerta del despacho de la biblioteca, pero como Ron había tapado con cartulina marrón la estrecha ventanita, no vio quién estaba dentro. Le extrañó que el chico estuviera trabajando un jueves a las diez y media de la noche. La biblioteca cerraría en media hora.

Se sacó la llave del bolsillo y entró sin llamar. Lo que se encontró dentro lo dejó anonadado. El Joven Potter estaba en la silla, con la cabeza apoyada elegantemente en los brazos, que reposaban sobre el escritorio. Tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta. Se la veía sonrosada y el pecho le subía y bajaba rítmicamente al respirar pausadamente. El sonido de su respiración era relajante, como las olas del mar chocando contra una playa tranquila. Tomas se quedó contemplándolo embelesado, pensando que se podría grabar un CD de relajación sólo con el sonido de su respiración. Se imaginó yéndose a dormir cada noche con esa melodía.

Tenía el ordenador portátil encendido y vio que su fondo de pantalla consistía en una serie de ilustraciones, al parecer de un libro infantil relacionado con animales. Le llamó la atención un conejo blanco con orejas que le llegaban a los pies. Oyó música y vio que también salía del ordenador. Al lado de Harry había un CD con la foto de un conejo en la carátula y Tomas empezó a preguntarse por qué estaría tan obsesionada con esos animales.

«¿Será algún tipo de fetichismo con la Pascua?» Empezó a imaginarse en qué podía consistir ese fetichismo, cuando, de repente, recuperó la sensatez. Acabó de entrar en el despacho y cerró la puerta con llave. A ninguno de los dos les convenía que los encontraran en el despacho a solas a esas horas.

Se acercó a el. No quería molestarlo ni interrumpir lo que parecía un sueño muy agradable, pues estaba sonriendo. Tras localizar el libro que había ido a buscar, se dispuso a marcharse, pero sus ojos repararon en una libretita que había junto a los dedos de Harry.

«Tomas», había escrito. «Mi Tomas.»

La visión de su nombre escrito varias veces en la libreta con tanto amor lo atrajo con más fuerza que el canto de las sirenas y le provocó un escalofrío en la espalda. Se quedó momentáneamente inmóvil, con la mano en el aire.

Por supuesto, se podía tratar de otro Tomas. Le costaba creer que Harry pensara en él y más aún que lo considerara «su» Tomas.

Al mirarlo, supo que si se quedaba todo cambiaría entre los dos. Supo que si lo tocaba sería incapaz de resistir el impulso —irreprimible, primitivo— de reclamar al hermoso y puro joven Potter que estaba allí esperándolo, llamándolo con su aroma de vainilla que se percibía más de lo normal, en un espacio tan reducido y con demasiada calefacción.

«Mi Tomas.» Se imaginó su voz acariciando su nombre como la lengua de un amante se mueve sobre la piel del amado. Su mente, desatada, se imaginó que la rodeaba con los brazos y le besaba. Lo sentaría en la mesa y se colocaría entre sus piernas, mientras el le hundiría los dedos en el pelo y trataría de arrancarle el jersey y la camisa. Se desharía el nudo de la pajarita, se la quitaría y la arrojaría al suelo.

Tomas acariciaría su pelo largo y ondulado y le rozaría el cuello con un dedo, haciendo que cada centímetro, cada poro, se le cubriera de rubor. Con la nariz le acariciaría la mejilla, la oreja, la garganta, blanca como la nieve. Le encontraría el pulso en el cuello y se sentiría extrañamente calmado por su suave ritmo. Se sentiría conectado a los latidos de su corazón, sobre todo cuando éste empezara a acelerársele a causa de sus caricias. Se preguntaría si sería posible que sus corazones latieran al unísono o si eso sólo pasaba en la fantasía de los poetas.

Sabía que al principio el se mostraría tímido, pero él insistiría con delicadeza, susurrándole dulces palabras de seducción al oído. Le diría todo lo que quería oír y Harry se lo creería. Sus manos descenderían centímetro a centímetro, desde los hombros hacia sus preciosas e inocentes curvas, maravillándose a su paso de su receptividad. El florecería bajo sus manos.

El Infierno de TomasWhere stories live. Discover now