Capitulo 7

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Harry dejó la bicicleta cerca de casa de los Malfoy, un edificio grande y blanco, y se dirigió al porche. Nunca llamaba a la puerta antes de entrar, así que subió el escalón de un salto y abrió la puerta mosquitera. La escena que se encontró la dejó helada.

La mesa auxiliar del salón estaba hecha añicos y había manchas de sangre en la alfombra. Las sillas y los cojines estaban tirados por el suelo y Luna y Rolf estaban abrazados en el sofá. Luna estaba llorando.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Harry, con los ojos como platos.

—Tomas —respondió Rolf.

—¿Tomas? ¿Está herido?

—¡Él está bien! —respondió Luna, riendo histéricamente—. Hace menos de veinticuatro horas que está en casa y ya se ha peleado con mi padre a empujones, ha hecho llorar a mi madre dos veces y ha enviado a Draco al hospital.

Rolf, muy serio, siguió acariciando la espalda de su novia para tranquilizarla.

Harry ahogó un grito.

—¿Por qué?

—¿Quién sabe? Es imposible saber qué le pasa por la cabeza. Ha discutido con papá y cuando mamá se ha interpuesto entre ellos, la ha empujado. Draco le ha dicho que lo mataría si volvía a ponerle un dedo encima, y Tomas le ha dado un puñetazo y le ha roto la nariz.

Harry bajó la vista hacia la mesita. Vio que había trozos de cristal clavados en la alfombra, junto a la sangre, restos de tazas de café rotas y galletas desmenuzadas.

—¿Y qué ha pasado aquí? —preguntó, señalando la macabra escena.

—Draco se ha caído sobre la mesa por culpa de un empujón de Tomas. Papá y Draco están en el hospital. Mamá se ha encerrado en su habitación y yo voy a pasar la noche en casa de Rolf.

Dicho esto, Luna se levantó y arrastró a su novio hacia la puerta de la calle.

Harry seguía inmóvil en el sitio.

—Tal vez debería ir a hablar con tu madre.

—No pienso quedarme aquí ni un minuto más. Mi familia está

rota. —Con estas palabras, su amiga se marchó.

Harry se acercó a la escalera, pero entonces oyó un ruido que venía de la cocina, por lo que se dirigió a esa parte de la casa. La puerta trasera estaba abierta y vio que había alguien sentado en el porche, llevándose una botella de cerveza a los labios. Tenía una abundante mata de pelo castaño, que brillaba a la luz del atardecer. Lo reconoció por las fotos que tenía Luna.

Sin pensarlo dos veces, salió de la casa y se sentó cerca de él, en una tumbona de jardín, abrazándose las rodillas y apoyando la barbilla en ellas.

Tomas lo ignoró.

Harry lo examinó a conciencia, grabándose su imagen a fuego en la memoria. En persona era todavía más guapo. Tenía los ojos azules inyectados en sangre, pero aun así resultaban impresionantes y contrastaban vivamente con sus cejas oscuras. Resiguió el ángulo de sus pómulos, de su nariz, noble y recta, y de su mandíbula cuadrada. Se fijó en la barba de dos o tres días que le oscurecía la piel y casi le ocultaba un hoyuelo. Finalmente, clavó la vista en sus labios, observando la forma y grosor del labio inferior antes de darse cuenta de los moratones.

Tenía sangre en la mano derecha y un cardenal en la mejilla izquierda. El puño de Draco lo había alcanzado, pero sorprendentemente, Tomas no había perdido el conocimiento.

El Infierno de TomasWhere stories live. Discover now