Capitulo 5

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Riddle recorrió el pasillo de un extremo a otro varias veces. Luego se apoyó en la pared y se frotó la cara con las manos. Estaba bien jodido. No sabía cómo había acabado allí ni qué lo había impulsado a actuar como lo había hecho, pero sabía que estaba metido en un lío de proporciones épicas. Su comportamiento con el Joven Potter en su despacho no había sido nada profesional. Había rozado casi el acoso verbal. Y luego, por si fuera poco, lo había subido a su coche y había entrado en su casa. Todo estaba resultando muy irregular.

Si en vez de al Joven Potter hubiera recogido a la señorita Black, probablemente ésta se habría inclinado sobre él y le habría bajado la cremallera de la bragueta con los dientes mientras conducía. Se estremeció de sólo pensarlo. Y ahora estaba a punto de salir a cenar con el señorito Potter. ¡Lo había invitado a comer un filete! Si eso no violaba todas las normas de no confraternización entre profesores y alumnos, ya no sabía qué lo haría.

Respiró hondo. El señorito Potter era un desastre, una reencarnación de Calamity Jane, un torbellino de contratiempos. Parecía que todo le saliese mal, empezando por que no había podido ir a Harvard y siguiendo por toda la serie de objetos que se le rompían con sólo tocarlos... incluidos la calma y el carácter sereno de él.

Aunque sintiera que viviese en aquellas deplorables condiciones, él no iba a poner en peligro su carrera por ayudarlo. Si el quisiera, al día siguiente mismo podría denunciarlo por acoso ante el catedrático de su departamento. No podía permitirlo.

Recorrió el pasillo en dos largas zancadas y levantó la mano para llamar a la puerta. Pensaba darle cualquier excusa, algo que siempre sería mejor que desaparecer sin decir nada, pero en ese momento oyó pasos dentro del apartamento que se acercaban.

El señorito Potter abrió la puerta y se quedó quieto, con la mirada clavada en el suelo. Llevaba un pantalón de vestir negro y una blusa con cuello de pico azul, sencillo pero elegante. Los ojos de él recorrieron sus suaves curvas hasta detenese en sus piernas, sorprendentemente largas. Y los zapatos... Era imposible que el lo supiera, pero Riddle tenía debilidad por los zapatos de tacón. Tragó saliva con dificultad al ver los impresionantes zapatos

negros con tacón de aguja que llevaba. Era obvio que eran de diseño. Quería tocarlos y...

—Ejem. —Harry carraspeó suavemente.

A regañadientes, él apartó la vista de sus zapatos y lo miró a la cara. El lo estaba observando con expresión divertida.

Se había recogido el pelo en un moño alto, con algunos rizos sueltos que le caían alrededor de la cara. Se había puesto un poco de maquillaje. Su piel de porcelana seguía pálida, pero luminosa, y dos pinceladas de color rosa le alegraban las mejillas. Tenía las pestañas más oscuras y largas de lo que recordaba.

El señorito Hadrian Potter era atractivo.

Se puso una gabardina azul marino y cerró con llave la puerta del apartamento. Él le indicó con un gesto que pasara delante y lo siguió en silencio por el pasillo. Cuando llegaron a la calle, abrió el paraguas y se quedó dudando.

Harry lo miró, ladeando la cabeza.

—Será más fácil taparnos a los dos si se coge de mí —le dijo, ofreciéndole el brazo de la mano con que sujetaba el paraguas—. Si no le importa —añadió.

El tomó su brazo y lo miró con ternura.

Se dirigieron en silencio hacia el puerto, una zona de la que Harry había oído hablar, pero a la que aún no había tenido ocasión de ir. Antes de que El Profesor le entregara las llaves al aparcacoches, le pidió a el que le diera la corbata que guardaba en la guantera. Harry sonrió al ver una caja con una inmaculada corbata de seda.

El Infierno de TomasWhere stories live. Discover now